14 dic. 2017

¿Quién es el tonto?

Por @ruiz_senior


La reciente decisión de un juez de obligar al gobierno de la capital a cambiar el lema de su propaganda ha generado un gran revuelo en las redes sociales, y francamente ese revuelo me produce más alarma que el hecho mismo: la inmensa mayoría de los comentarios, muchísimos de tuiteros influyentes, aluden al hecho como una "nimiedad", una "tontería", etc.

Lo primero que hay que señalar, sin que necesariamente sea lo principal, es la potestad de un juez para hacer cambiar un lema publicitario: ¿qué ley señala que puede hacerlo? Ninguna, sólo la disposición constitucional que autoriza a los funcionarios a prescindir de la ley, la "acción de tutela", sobre la que tantas veces he escrito comentarios en este blog. Esa disposición es un rasgo cultural que aprovechan los totalitarios, pero que no tiene resistencia porque lo que no se entiende en Colombia es la necesidad de la ley (la tranquilidad con que Uribe y su combo cambiaban las leyes referentes a la reelección explica la cultura del país: ¿quién va a violar la ley cuando puede simplemente cambiarla?).

El hecho de que el crimen organizado siempre encuentre jueces que imponen su programa no remite, como creen tantos, a la "infiltración" de los comunistas en las universidades y en el poder judicial, sino a la esencia del país: la inclinación comunista de los profesores y estudiantes corresponde a sus "intereses de clase" y refleja sencillamente la incapacidad del país para asimilarse al mundo moderno. Todos son comunistas porque en un régimen como el cubano multiplicarían su poder, y porque al sumarse a la organización que tiene tan poderosos y ricos frentes armados prosperan, ascienden y hacen lo que les dé la gana. Como sus antepasados hace trescientos años.

Pero la "tutela" que presenta el narcoterrorista Alirio Uribe no es un capricho ni una tontería, como creen los tontos. Se trata del afán totalitario de dominar el lenguaje, sobre el que trata por ejemplo 1984, la famosa novela de George Orwell. Por una parte, la ingeniería social que impone cualquier cosa y obliga a los ciudadanos a someterse (como los días sin hombres de Mockus o la reciente ocurrencia de la alcaldesa de Madrid de crear vías peatonales de una sola dirección), por otra, la prevalencia de las decisiones funcionariales sobre las costumbres o sobre las autoridades lingüísticas. Por muchos que sean los que se burlan, la verdad es que la Alcaldía tendrá que incluir en su lema las "ideas" de la ideología de género, es decir, la propaganda totalitaria.

El sentido de esa propaganda es crear una discordia en la sociedad, buscando en la mitad de la población el sentimiento de agravio que los progresistas vendrían a remediar. ¿Dónde está ese agravio? En que la lengua admite palabras como "todos" para incluir a las personas de ambos sexos, con lo que no se tendría en cuenta la existencia de las mujeres. Para remediar esa grave carencia se violenta el lenguaje de toda la tradición literaria. Unos ignorantes ambiciosos y violentos borran de un manotazo las características del idioma común porque precisamente un lenguaje corrompido les permite asegurar su dominación. Una gente dispuesta a expresarse en una jerigonza recién inventada está impedida para entender lo que se concibió en otros contextos ideológicos, y de ahí para pensar, sólo recitará la propaganda, como de hecho ya ocurre con los egresados de las universidades colombianas.

Puede que muchos consideren con desprecio las "teorías de conspiración" que describen un esfuerzo por ese "lenguaje incluyente" y por la "ideología de género" en todas las izquierdas de Occidente, casi siempre relacionadas con el narcorrégimen cubano y sus satélites, o bien sometidas a su hegemonía ideológica (como ocurre con toda la socialdemocracia europea y con la mayor parte de los demócratas estadounidenses). Pero ¿cómo es que en todas partes ese tema es de rabiosa actualidad y que todos los partidos y personajes ligados a los herederos del comunismo insisten en ello? Es evidente la conjura y también el interés. Por una parte, buscar personas agraviadas a las que poder ilusionar con su misión redentora, por la otra, tener un pretexto para perseguir a los discrepantes.

La situación de sometimiento e inferioridad social de la mujer es un problema real y en gran medida el feminismo histórico tiene una gran validez en sus reivindicaciones. Hace apenas un siglo era un sueño que las mujeres votaran, y en las sociedades atrasadas de las Américas siguen imperando condiciones opresivas para la mayoría. Lo que no se puede esperar es que semejante estado de cosas lo vayan a remediar unos criminales cuyo historial de machismo es el peor, ni que se vaya a mejorar nada corrompiendo el lenguaje a partir de las conveniencias de esos criminales.

Los comunistas colombianos tienen un pasado esclarecedor en materia de machismo: Carlos Gaviria fue acusado de acoso a sus alumnas; Luis Eduardo Garzón nombró sólo alcaldesas menores, puestos en los que puso a sus numerosísimas amantes; Alfonso Gómez Méndez tenía una cama al lado de su despacho en la Fiscalía para evaluar a las candidatas a ascensos, y cuando se cometió el atentado contra Wilson Borja aparecieron en el hospital tres "esposas" diferentes del prócer. Por no hablar de la denuncia por maltrato contra el siniestro Antonio Morales Riveira ni de las infinitas violaciones de niñas por parte del servicio doméstico armado de los citados próceres. ¿Alguien conoce el medio universitario colombiano con sus innumerables historias de profesores-seductores que proveen buenas calificaciones a las alumnas complacientes? Es esa clase de gente la que promueve el "lenguaje incluyente".

Pero no se hace nada si la gente cree que todo eso es una nimiedad. Los que tal cosa proclaman hacen como los que se ponen piercings aparatosos en los labios o en la lengua o los que les ponen a sus hijos nombres de pila novedosos: sólo demuestran su indigencia intelectual. La destrucción de la cultura les parece una banalidad porque es algo que desconocen y desprecian. Y resulta que es por medio de esos embelecos como el crimen organizado recluta muchedumbres para su tiranía.

Pero es siempre volver a lo mismo: ¿cuándo hubo un solo candidato que propusiera desobedecer lo que acordaran los criminales en La Habana? ¿Cuándo un grupo de personas de cualquier clase se ha propuesto delimitar claramente el alcance de la "acción de tutela" o siquiera denunciarla como abolición de la ley? Eso no existe en Colombia, todos esperan que baste amar a un caudillo para que todo se remedie.

Y así seguirá ganando el crimen organizado, como ha ocurrido claramente en los últimos siete años.

9 dic. 2017

La madre del cordero

Por @ruiz_senior

La perspectiva que se tiene de los problemas colombianos cuando se ha vivido mucho tiempo fuera es distinta: muchas oposiciones obvias para quienes no reciben otra información que la de los medios locales resultan falaces. Los colombianos de derecha y los de izquierda no son tan diferentes como ellos creen y en lo esencial representan lo mismo. Lo que hace a las regiones hispánicas miserables, desordenadas y violentas no son las "ideologías foráneas" ni las maquinaciones perpetuas de Karl Marx, avatar de Satanás, sino el anclaje del conjunto social en un pasado bárbaro y la persistencia de formas de vivir y de pensar de otra época.

1. Leyenda negra
En España tiene un gran éxito un libro que denuncia la "leyenda negra" de la propaganda antiespañola. En la conciencia de los hispanoamericanos esa leyenda negra es un tema conocido porque durante mucho tiempo ha servido para explicar la miseria y el atraso de la región. Todo el mundo recordará a alguien que proclama que otro sería el cantar si "nos" hubieran colonizado los ingleses, como si la India, Jamaica, Belice o Guyana fueran paraísos de prosperidad. Ese "nos" que he puesto entre comillas es una de las idioteces más llamativas: los descendientes de los conquistadores somos los hispanoamericanos, aun en los países de mayoría mestiza o mulata, el elemento predominante en todas partes es el de origen español.

En gran medida tienen razón los que denuncian la leyenda negra hispanófoba porque la Conquista y colonización de América fueron una de las mayores gestas de la humanidad y están en la base del mundo moderno. No se hace justicia a esos conquistadores, menos cuando hoy en los gobiernos de toda Hispanoamérica reina la peor chusma, que en medio de sus juergas y retozos les aplica cómodamente la moralina que no le cuesta nada concebir. Los comunistas que gobiernan las principales ciudades españolas se niegan a celebrar el Descubrimiento porque lo consideran un "genocidio".

La hispanofobia tiene en Europa un pasado muy antiguo, ligado al desprecio de los germanos por los pueblos meridionales. El poema que funda la nación francesa, el Cantar de Roldán, muestra a España como el país de los moros a los que somete Carlomagno. Cuando el antiguo Sacro Imperio Romano Germánico cae en manos del nieto de los reyes católicos, las resistencias a un emperador que vive en España con una corte española se multiplican. De ahí y de los intereses del Imperio británico viene la leyenda negra.

Pero no se puede negar que la España posterior al siglo XVII era un país que aportaba poquísimo al conocimiento y aun a las artes, pese a su poderío y riqueza. La clave de ese retraso respecto a Europa, cada vez más acusado, es la Contrarreforma católica, que es la respuesta del clero al Renacimiento y a la Reforma protestante. La Iglesia que se adueña de los nuevos territorios implanta el oscurantismo y la persecución de la crítica. Si en el mundo hispánico no se inventa nada y no se produce casi nada es sólo por efecto de esa tradición.

Las sociedades hispánicas fueron durante la mayor parte de su historia sociedades esclavistas. Todavía está lejos que sus miembros sean "libres e iguales" como se propone en la propaganda de los demócratas españoles. Todavía las mujeres de origen amerindio siguen limpiando las casas de sus redentores, que en el siglo XVI les enseñaban la religión del amor y hoy dedican sus valiosas vidas a la prédica de la justicia social y del derecho a la educación. Los de hoy son seres casi idénticos a sus antepasados. Ya no se dice "encomienda" sino "acción de tutela" (con la primera se cubría con un manto de piedad el trabajo forzoso y gratuito, con la segunda se suprimen las leyes cuyo texto proclama la igualdad y se garantiza el trabajo casi forzoso y casi gratuito). La educación siempre es prioritaria, en tiempos de la Real Audiencia se inoculaba mansedumbre con la amenaza de torturas terrenas y ultraterrenas ("encomienda" era el encargo de evangelizar a los indios), ahora se adoctrina asesinos prestos a defender el orden en el que quienes tienen las riendas pueden prescindir de la voluntad de los demás y de toda noción de legalidad.

2. La máquina del tiempo
Hace años un comentarista de este blog explicó con gran acierto de dónde viene el "izquierdismo" de las grandes familias colombianas. Viajaron al futuro y no les gustó. Viendo cuál es el poderío y el nivel de vida de los europeos y norteamericanos, ¿qué podría ser más sensato que imitarlos? Pues no, no van a vivir sin ser superiores a los demás per se. Uno los ve en Europa, desvalidos sin servicio doméstico (pues a pesar de su infinita ventaja sobre los pobres del país, no tienen tanto para pagarlo en países ricos). No van a aceptar que cualquiera prospere y rivalice con ellos (eso está SIEMPRE: la facultad de sociología del patricio Camilo Torres estaba formada por decenas de personas de familias presidenciales). De hecho, se podría pensar en el secuestro como una limpieza de posibles rivales, y la implicación de Caballero o Pombo en esas proezas no está demostrada pero es obvia. Los sindicatos de funcionarios proveían a los terroristas los datos exactos del patrimonio de cada contribuyente, pero ¿quién los señalaba?

De tal modo, la conjura comunista, también en Cuba y en toda Hispanoamérica, es sólo resistencia del viejo orden y sus usufructuarios, que encuentran en el ensueño comunista una forma de sacarle fruto a la idiosincrasia imbuida por sus antepasados (ya explica ampliamente Antonio Escohotado el origen del comunismo en ciertas comunidades cristianas). Y a la vez un pretexto para gastarse toda la riqueza del país en comprar clientelas y prosélitos. En una sociedad competitiva los medios de comunicación, cuyo principal proveedor de recursos es el Estado, no tendrían tan seguras sus grandes rentas por hacer propaganda. El socialismo les conviene.

Para creer que la respuesta es el ensueño tradicionalista, la continuación del mismo orden de esclavitud con un discurso gastado, hace falta ser un necio incurable. Sencillamente, hay quien no se "avispó" a ponerse el disfraz moderno para poder acceder a las prebendas y beneficios de siempre, o quien estaba demasiado próximo a algún clan perdedor. Si uno va al diccionario, en el que "izquierda" es "reformismo" e "igualdad", la "izquierda" colombiana es simplemente "derecha" y la derecha colombiana (cuando no es pragmática acomodación al dominio de la "izquierda", a lo Gerlein) es mera desubicación: en absoluto respuesta al orden de esclavitud. (Uno de sus valedores en Twitter se mostraba hace un tiempo bastante próximo a discursos neonazis y abiertamente racistas.)

3. Ideología
Ésta es una palabra polisémica que se presta a muchas confusiones y engaños. La definición del diccionario es inocua, corresponde al sentido de "concepción del mundo" pero en su uso corriente alude sobre todo a la doxa, a la opinión como opuesta al conocimiento, al prejuicio. La ideología provee una serie de respuestas que preceden a las preguntas, y de algún modo todo el mundo lleva esa coraza. Con mucha frecuencia la adhesión a una ideología permite precisamente ocultar las verdaderas inclinaciones, sobre todo cuando las generalizaciones cosmológicas pasan por encima de los conflictos inmediatos. El clero antiguo, menguante e incomprendido odia al nuevo clero, al que lo unen con muchísima frecuencia relaciones de consanguinidad (muchísimos profesores comunistas de la Universidad Nacional empezaron en el seminario). ¿Debe uno tomar partido por uno de ellos? Son lo mismo, allí donde en tiempos de Felipe II había órdenes de muy diverso tipo ahora hay universidades dedicadas al mismo parasitismo.

Con mucha frecuencia la ideología se adopta pensando en realidades distantes: el comunista de 1960 no pensaba en su afinidad con Sangrenegra, Desquite o Chispas sino en Sartre y sus elucubraciones, de algún modo la interpretación de Heidegger le permitía colaborar con la causa de Sangrenegra, Desquite o Chispas y a la vez sentirse protagonizando una batalla cósmica entre reacción y progreso. Eso mismo ocurre hoy con los derechistas, prestos a convencerse de que Alfredo Molano o Antonio Caballero son trasuntos de Chomsky. Toda la retórica anticomunista que reproducen pasa por encima de forma escandalosa del hecho de que en Colombia (y en general en Hispanoamérica) la "izquierda" no es el bando de los pobres sino el de los ricos, que no busca la igualdad sino reforzar la desigualdad, congelar la jerarquía social y asegurar privilegios para los herederos del viejo orden.

En definitiva la afinidad de los derechistas colombianos con los izquierdistas colombianos es profunda y absoluta: ambos resisten al mundo moderno, los primeros desde el lloriqueo impotente de perdedores y los segundos convencidos de encarnarlo mientras disfrutan de las ventajas del parasitismo y la esclavitud. No representan nada distinto, no se va a remediar la deriva totalitaria con ensueños coloniales ni retóricas pinochetistas. Hace falta otra cosa...

4. La ley, la democracia...

La barbarie es la ausencia de leyes efectivas en el conjunto social. También la ausencia de significados precisos del lenguaje. Las palabras significan cualquier cosa para el primitivo porque no se ha detenido a pensar, y lo que dice termina no teniendo efecto porque significa cualquier cosa (tal como para los que hablamos español y no tenemos un oído fino las diversas "e" del francés nos suenan igual). Eso pasa con la "democracia" o la "ley", que en Colombia son conceptos vacíos que usan con inverosímil frecuencia los comunistas, aun los jefes narcoterroristas. Los derechistas no son diferentes, baste pensar en la reelección sucesiva de Uribe, puro marxismo de la línea Groucho ("éstos son mis principios, si no le gustan tengo otros"). Cuando la ley no conviene al sueño dictatorial de un régimen sin posibilidades de alternancia (sólo una nueva versión de Porfirio Díaz, Anastasio Somoza, Alfredo Stroessner o Alberto Fujimori), pues se cambia la ley. Y si no fue posible cambiarla drásticamente en un primer intento, pues se vuelve a cambiar: la ley sirve al gobernante y no éste a aquélla. Es una concepción arraigada que naturalmente comparten los izquierdistas.

(En 2006 apoyé la reforma que permitía a Uribe aspirar a la reelección, era una situación extremadamente crítica, con rivales claramente ligados al narcoterrorismo, y una presidencia de ocho años no era una extravagancia sino algo normal en Estados Unidos y hasta en Brasil. La discusión con los valedores del narcoterrorismo impedía ver las flaquezas del uribismo entonces.)

Y si se piensa en lo que realmente hace falta, la asimilación a la modernidad, la verdadera vigencia de la ley, el respeto a los derechos humanos, la democracia como el régimen en que la voluntad popular cuenta, los ensueños retrógrados son un problema y no una solución. Como ya he explicado arriba, la izquierda, o sea, la universidad, es sólo un estamento de ese pasado bárbaro. Cuando se explica que sería deseable cerrar las universidades públicas y cobrar impuestos a las privadas como a cualquier empresa, la derecha vuelve a ser lo mismo que la izquierda: la misma indignación y los mismos argumentos, no les importa que los recursos comunes se gasten en proveer certificados de rango social sino que las rentas se las lleven otros. Todos replican lo mismo, que hay que abrir oportunidades a los jóvenes de bajos ingresos, como si no fuera del patrimonio común de donde sale el dinero (es decir, también de los recursos de los jóvenes de bajos ingresos que no estudian y que son la mayoría, todo para proveerles rentas a los mismos descendientes de los encomenderos que en la siguiente generación descubren las ventajas de ser comunistas, como Álvaro Leyva, hijo de un ministro de Laureano Gómez).

Sin ese gasto monstruoso, el desarrollo del país estaría asegurado, no porque haya el menor mérito en su población sino porque el progreso tecnológico alcanzado en otras partes provee infinitas ventajas. También la calidad de la educación, que consiste en la eficiencia de los egresados y no en la cantidad de títulos, en lo que Colombia es digno rival de Cuba y Venezuela. Al haber otras oportunidades de empleo (que no existen porque se cobran impuestos confiscatorios a quienes trabajan, y cuando el gobierno Santos intentó reducir la parafiscalidad se encontró con el rechazo de Uribe), las posibilidades de prosperar y educarse de los pobres se multiplicarían.

Pero todo eso no interesa a la derecha porque el mundo antiguo que defiende es el del rechazo al trabajo de la tradición hispánica. Ésa es la madre del cordero, la resistencia a una sociedad competitiva por los usufructuarios del orden jerárquico de siempre, hoy en día caracterizados por ser de "izquierda". Cambiar eso no requiere un programa ideológico sino sentido común, determinación de aplicar efectivamente la ley, reducción drástica del gasto público, sobre todo en educación superior, eliminación de la parafiscalidad y otros gravámenes encubiertos sobre los salarios (y no aumentos del salario mínimo como claman "sindicalísticamente" los uribistas)... Cuando se piensa en todo eso resulta lo mismo que en todo: que la derecha y la izquierda están en el mismo bando.

Otro ejemplo es la "acción de tutela". El que vive en otro país se sorprende de que la mayor parte del trabajo de los juzgados colombianos consista en resolver recursos de amparo en defensa de derechos fundamentales. ¿Cómo es que no ocurre en otras partes? Porque una noción como la de "derecho fundamental" no tiene unos límites en la cabeza de los colombianos, lo mismo que paz, democracia, ley: significa cualquier cosa. La acción de tutela provee al funcionario un pretexto para prescindir del texto de la ley y hacer lo que le da la gana. ¿A quién beneficia? Primero a los propios jueces y a sus clientes, que es de lo que se trata (no hay que olvidar que los jueces gobernaron hasta la instauración del virreinato en 1717), después a los que pueden pagar abogados bien relacionados y en conjunto a las castas superiores de la sociedad (dicen que se benefician de esa atrocidad los de estratos 3 y 4, como si en el conjunto de la población colombiana aquéllos no formaran parte de la minoría rica). Es un factor retrógrado que suprime la ley y que por eso no incomoda en absoluto a la derecha, toda vez que los derechistas pertenecen a esas castas superiores y se benefician de la defensa del "derecho fundamental" que su pariente o amigo siempre sabrá encontrar.

Sentido común es negar validez a los acuerdos de La Habana, pero en Colombia, al menos entre quienes opinan en las redes sociales, quienes lo proponemos somos una minoría ínfima. La derecha anda interesada en perseguir a quienes no van a misa o ven pornografía, y respecto a esos acuerdos se plantea "modificarlos", o sea aceptarlos parcialmente, tal como se aceptó el monstruoso engendro de 1991, porque si se rechazaba podría salir un texto peor.

Hace falta cambiar el entramado legal y las costumbres y mentalidades para asimilarse al mundo moderno. Para impedirlo están la izquierda y la derecha.

28 nov. 2017

El tribunal de la venganza

Por Jaime Castro Ramírez

Dentro de la dinámica del devenir de la sociedad suelen aparecer instancias nefastas que interfieren lo que debiera ser el curso normal de su historia, es decir, un acontecer razonable y justo en relación con los hechos que conforman su propio destino. Al buen estilo inquisidor, existe la mentalidad perversa de hacer posible generar escenarios donde el objetivo es aniquilar al contrario a través de acusaciones con intrigas siniestras que abren el camino al espíritu desenfrenado de venganza. El resultado de estas acciones solamente conlleva a escenas de violencia, pues el mal que causan encuentra una respuesta de confrontación de incalculables consecuencias.

La justicia especial para la paz - JEP
En Colombia se va a poner en marcha el más cuestionado y disparatado sistema de “justicia” de ‘imposición’ de que se tenga noticia. Y es de imposición porque lo exigieron las Farc en la Habana, y el gobierno Santos simplemente se limitó a aceptarlo, como aceptó todas las demás exigencias que quedaron consignadas en el acuerdo que firmaron.

La JEP es algo así como la columna vertebral del llamado ‘acuerdo de paz’, y lo es desde el punto de vista de retaliación, o figura diseñada por las Farc cuyo objetivo es llegarle a los militares y civiles con su ánimo henchido de venganza. El nombre de ‘justicia especial para la paz’ es exactamente un contrasentido toda vez que de paz no tiene absolutamente nada, pues no es justicia para aplicarla a las Farc porque en el acuerdo quedó establecido que ellos no pagarán ni un día de cárcel (impunidad total), o sea, que en conclusión, se trata entonces de una justicia fantasma únicamente para perseguir a militares y a terceros a quienes las Farc señalen como procesables judicialmente por ese ‘tribunal de la venganza’. Es un contrasentido porque a cambio de paz generará más violencia.

La sola conformación de ese tribunal dejó plasmadas todas las dudas posibles. Quienes eligieron a los 51 magistrados de esa Corte fueron extranjeros de conocida procedencia política izquierdista, y por obvias razones ideológicas escogieron a magistrados de igual característica política, de los cuales algunos ya han prejuzgado con nombre propio sobre la persecución que pretenden implantar. Esta circunstancia de prejuzgamiento, en condiciones normales de justicia en democracia, haría que esos magistrados quedaran impedidos para actuar en esos casos puntuales, pero sin embargo, las Farc alegan que según lo acordado en la habana, para los magistrados de la JEP no existen impedimentos de ninguna naturaleza.

La JEP va a ser el caos de la justicia colombiana, va a ser la culminación de la entrega del país al comunismo Farc. Ese tribunal tendrá un poder omnímodo, es decir, absoluto y total. Tanto es así que incluso podrá desconocer sentencias que han hecho tránsito a cosa juzgada, sentencias que ha sido proferidas por las cortes de la justicia tradicional colombiana de acuerdo a la Constitución y la ley, cuando los magistrados de la JEP consideren que tales sentencias sean óbice para ejercer su poder de persecución hacia sus objetivos.

En el proceso de implementación del acuerdo SantosFarc respecto al tema de la JEP, el congreso de la república ha querido ocuparse en disponer que sean válidos los impedimentos aplicados a magistrados de la JEP, y que ese tribunal no tenga competencia para llamar a juzgamiento a terceros, o sean civiles. En este punto las Farc dicen dos cosas: primero, no aceptar los mencionados impedimentos a tales magistrados; y en segundo lugar, siguen demostrando su alto grado de cinismo, pues alegan que los civiles no pueden quedar fuera del alcance de la JEP porque dizque eso constituye un escenario de “impunidad” respecto a la actuación de la justicia ordinaria. ¡Miren quiénes hablan de impunidad! Es verdaderamente el colmo de la burla y el irrespeto con el pueblo colombiano.

Significa que la tal JEP es el paz y salvo judicial para las Farc, y la condena para militares que se jugaron la vida en defensa de la patria, y en defensa de la vida, honra y bienes de los colombianos, y también condena de venganza contra civiles.

3 nov. 2017

Economía colombiana sin manejo económico

Por Jaime Castro Ramírez

Una de las tareas prioritarias de un gobernante es saber encausar el manejo adecuado de la economía a nivel macroeconómico para poder luego mostrar resultados de crecimiento y progreso, y por consiguiente mostrar resultados de beneficio social. Si no se hace una buena economía, los demás frentes de la vida del país circularán por un sendero de serias dificultades, pues se empieza por un creciente desempleo, y en consecuencia, lo primero que aparece es la crisis social por necesidades básicas insatisfechas, la cual va generando el descontento generalizado de la gente hacia el poder, hacia el gobernante, y hacia el Estado. Además de que una circunstancia de crisis social económica es propicia para ir generando problemas de inseguridad pública porque ante la angustia que genera el sentido de supervivencia, la gente llega al extremo de perder el respeto por la propiedad ajena, lo cual por supuesto genera un conflicto social de graves consecuencias.

Un país que no crese económicamente es un país que pierde perspectivas en el concierto de las naciones, pues su participación en el comercio internacional se verá reducido por su incapacidad productiva y exportadora, y consiguientemente su balanza comercial será muy precaria.

El estado actual de la economía colombiana
Lo primero que ha ocurrido en el actual gobierno del presidente Santos es el notorio retroceso de la industria nacional por falta de políticas de apoyo oficial, valga decir, crédito barato con periodo de gracia, otorgar algún favorecimiento fiscal impositivo en el impuesto de renta, y menos aun se ha visto apoyo para el emprendimiento de nuevos proyectos productivos, lo que ha conllevado a una significativa disminución de la productividad, y como consecuencia, se ha presentado la consiguiente disminución de la actividad exportadora que es un factor muy importante de crecimiento económico para cualquier país. La industrialización es obviamente una fuente poderosa de desarrollo económico.

Más del 60% promedio de las exportaciones en los últimos siete años han estado marcadas básicamente por petróleo y minerales, es decir, exportaciones no tradicionales. El comercio también ha tenido una disminución significativa y progresiva en sus ventas, acentuada sobre todo en el año 2017 y básicamente por efecto del incremento del impuesto a las ventas del 16% al 19%.

Es la misma situación complicada la que le ha tocado experimentar al sector agrario por la misma circunstancia de que el gobierno no tiene políticas preferenciales de apoyo al campesino que es quien se sacrifica grandemente para cultivar la tierra y producir comida. Lo máximo a que tienen acceso los campesinos es a que el Banco Agrario les preste dinero dando como garantía sus fincas, sin la ayuda de ofrecerles tasas de interés que sean muy bajas para de alguna manera tratar de hacerles atractiva su actividad productora, sin prestarles asistencia técnica permanente gratuita por parte del gobierno, sin subsidio de abaratamiento significativo de maquinaria y equipo, y por supuesto sin abaratamiento del costo de los insumos, y finalmente sin una política esencial de ayuda en cuanto a condonación de obligaciones por préstamos e intereses en caso de fracaso de cosecha por circunstancias de fuerza mayor, como por ejemplo inclemencias del tiempo, pues ahí debiera aparecer la mano del Estado para no permitir la quiebra económica forzada de ese trabajador del campo.

Son entonces una suma de factores que conllevan paso a paso la desaceleración de la economía, lo que hace que el Producto Interno Bruto (PIB) tenga un crecimiento mediocre, pues a manera de análisis es procedente mirar, por ejemplo, lo ocurrido en el año 2016 cuando el PIB solo creció el 1.1%, reduciendo significativamente el producto per cápita, además de una inflación con tendencia alta del 5.75%; y para el año 2017 se espera otro pésimo comportamiento económico cuyo resultado va a ser un crecimiento que oscilará entre 1.4% y 1.5%, con una inflación cercana al 4.5%.

Sin embargo, es válido observar que este gobierno tuvo dinero en cuantía suficiente para haberlo invertido en proyectos de desarrollo macroeconómico que impulsara el crecimiento de la economía nacional (manejó una bonanza petrolera gigantesca entre 2011 y 2015 de aproximadamente 57 billones de pesos, equivalente a 2.1% del PIB), pero infortunadamente se tomó la peor decisión y buena parte de ese dinero tomó el camino de la indiferencia con esta importante alternativa del desarrollo económico del país, y fue direccionado hacia el derroche a manos llenas en mermelada corrupta en manos de la política, pues fue factor decisivo hasta para ganar elecciones a través de la compra de votos.

Y como si fuera poco la cantidad de dinero de la bonanza petrolera, este gobierno llegó a un sobreendeudamiento público externo, pues el gobierno anterior dejó este rubro de deuda pública externa en 39.600 millones de dólares, y el gobierno Santos hasta mayo de 2017 la aumentó a 72.983 millones de dólares, es decir, un incremento del 84.3%; y el total de la deuda interna y externa a junio de 2017 asciende a 128.239 millones de dólares, vs 64.837 millones de dólares al final del gobierno inmediatamente anterior, con incremento en el actual gobierno de 97.78%.

Ni siquiera se invirtieron los montos necesarios en bienestar social, por hablar solo de salud y educación. La asistencia en salud es un tema realmente dramático para la gente, lograr que atiendan adecuadamente un paciente que necesita tratamiento médico urgente es de lo más complicado para los colombianos, y esto no ha tenido solución en este gobierno.

Al final de cuentas, la cuestión es que no se podía esperar una buena economía del gobierno Santos, pues aparte su grave problema del crecimiento exponencial de la corrupción mediante lo cual se han robado los recursos de la gente, fue un gobierno monotemático, pues solo tuvo en mente el tema de ‘la paz’, la dudosa paz de la claudicación ante las Farc, y esa claudicación cuesta mucho dinero (aparte de la entrega del país), pero para eso si ha habido suficientes recursos económicos, incluida la onerosa reforma tributaria de diciembre de 2016 (casi que confiscatoria), para cumplirle los compromisos a las Farc.

En una encuesta de esta primera semana de noviembre de 2017, el 82% de la gente opina que la economía colombiana anda mal.

18 oct. 2017

El cambalache del siglo XXI

Por @ruiz_senior

En la televisión de las últimas décadas, desde que se multiplicaron los canales, han florecido programas de entretenimiento cuyo tema es el trabajo, cosa que no ocurría antes. (Como apunte curioso debo señalar que en España hay una tradición entre los desocupados y jubilados, que es pasarse horas observando las obras de construcción). Han proliferado los programas sobre restaurantes en quiebra, jefes que se infiltran entre sus empleados, anticuarios que buscan tesoros, gente que acude a las subastas de trasteros o maletas, restauradores de viviendas, pescadores de caimanes, transportes delicados y muchos otros. Uno de los de más éxito es el de Rick Harrison y su "casa de empeños" de Las Vegas (hay otro sobre una prendería o compraventa de Detroit, pero ya no es de ricos sino de gente muy pobre y violenta, como para ilustrar el declive de la industria y el ascenso del ocio como motor económico).

Esos establecimientos se llaman en el cono sur americano "cambalaches" y es a ellos a lo que se refiere el famoso tango de Enrique Santos Discépolo (Santos es nombre). Es difícil encontrar algo que se haya entendido peor que esa canción. Se trata de una especie de denuncia de la corrupción pero el estilo musical y el contexto social en que se dio a conocer corresponden precisamente a lo que denuncia.

El tango comenzó siendo un baile de los burdeles. (Borges cita en alguna parte una de las primeras letras que decía "Tango siempre se ha bailao, / la diferencia está en que / antes se bailaba echao / y ahora se baila de pie".) Es muy probable que al comienzo tuviera una marcada influencia africana (el mismo Borges señala entre las consecuencias de la "curiosa variación" del filántropo Las Casas, que propuso llevar negros a América, "la habanera, madre del tango") y aun que las primeras bailarinas fueran negras y mulatas (que por entonces había en Argentina). Pero cuando se volvió el arreglo de las canciones y se hizo popular fue una especie de epopeya del lumpen (o sea, del lumpemproletariado, palabra que figura así, con "m", en el diccionario): parece que la prosperidad que alcanzó Argentina a finales del siglo XIX permitió que los ladrones se reciclaran en proxenetas, tal como los carteristas y apartamenteros colombianos en Europa se reciclaron en proveedores de cocaína en los ochenta. La jerga de los tangos es el "lunfardo", palabra cuyo origen más probable es "lombardo", que es como en muchas regiones de Italia se denominaba a los ladrones (tal como llamamos "vándalos" a los saqueadores violentos, los verdaderos vándalos eran los menos "vándalos" de todos los germanos).

Sería muy interesante evaluar el impacto de esa cultura del tango en toda Sudamérica en las primeras décadas del siglo XX. Pablo Neruda cuenta enfrentamientos con malhechores tangueros de los que se libró explotando su condición de poeta. Y es muy diciente que en 1943 el gobierno argentino prohibiera la radiodifusión de canciones que usaran jerga o aludieran a la embriaguez o a la prostitución. Ésta es el tema preferido de los tangos, siguiendo su origen.

Volviendo al impacto del tango en la cultura regional, vale la pena recordar que en Colombia se dice "bacano" para ponderar algo, pero lo bacano es lo del bacán, es decir, del proxeneta que resplandece como hombre espléndido en su barrio gracias a que no trabaja, va siempre bien vestido, puede exhibir su valor de vez en cuando y dispone de buenas rentas.

El tema de Cambalache es el siglo XX y las novedades que traía. Creo que valdría la pena evaluar el sentido de su letra, insisto, siempre mal interpretada, y relacionarla con el estado moral de nuestro mundo en este nuevo siglo.
Que el mundo fue y será una porquería,
Ya lo sé;
En el quinientos seis
Y en el dos mil también;
Que siempre ha habido chorros,
Maquiavelos y estafaos,
Contentos y amargaos 
Valores y dublés,
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De malda' insolente
Ya no hay quien lo niegue;
Vivimos revolcaos en un merengue

Y en un mismo lodo todos manoseaos.
"Chorro" es la versión, acaso adaptada a las inclinaciones fonéticas de los italianos, de lo que en Colombia es "choro" y en España "chorizo". Dublé es una joya falsa: morralla, oropel.

Una vez viendo una película de los ochenta me quedé impresionado con las condiciones de la vida de los protagonistas: sus viviendas son las mismas de ahora, al igual que su vestido, sus medios de transporte, su comida, sus posibilidades de prosperar y muchas otras cosas. A pesar de las ventajas de internet y la telefonía móvil, no se puede pensar que sea un mundo radicalmente diferente. Pero si se piensa en la época en que se escribe la canción y se restan los años que nos separan de los ochenta descubrimos un mundo de verdad nuevo. Hacia 1900 no había salas de cine en Argentina, ni muchos teléfonos, ni radio, ni muchos automóviles ni esperanzas remotas de desplazarse volando. El mundo de 1934 (cuando se compuso esa canción) era verdaderamente nuevo y si se lo hubieran descrito a alguien que hubiera muerto viejo en 1900 habría creído que era el paraíso.

¿Cómo es que un mundo de notorio bienestar comparado con el que conocieron las generaciones anteriores resulta descrito tan ásperamente por el compositor? Es lo que interesa comentar.
Hoy resulta que es lo mismo
Ser derecho que traidor,
Ignorante, sabio, chorro,
Generoso, estafador.
Todo es igual; nada es mejor;
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos, ni escalafón;
Los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
Y otro roba en su ambición,
Da lo mismo que si es cura,
Colchonero, rey de bastos,
Caradura o polizón.
Dos veces se alude en estas estrofas a la igualdad, tres si se cuenta el escalafón. Y cuando uno lo lee tiene ganas de decirle a Discépolo "Ahora te querría ver". Los grandes avances de la industrialización fueron acompañados de la pérdida de la religiosidad, de la propagación de las ideologías igualitarias y de la expansión del Estado. En realidad, los tres fenómenos son lo mismo, y hoy en día todo eso se ha agravado hasta niveles espeluznantes. En algunos países, particularmente en los de tradición católica, la fiebre igualitaria conduce a la proliferación de comunistas, pero en Estados Unidos es diferente: se manifiesta por ejemplo en el éxito de la ciudad de Las Vegas, creada por un mafioso visionario, dedicada a los juegos de azar, que no distinguen méritos ni jerarquías, y sede de un consumo suntuario, del que es buena muestra el "cambalache" de Rick Harrison. Si se piensa en el igualitarismo como "relativismo moral", tal como lo plantea la canción y como de hecho es siempre, la cosa va mucho más lejos. El propio asesino de Las Vegas sería un buen ejemplo: si da lo mismo alcanzar notoriedad por actuaciones admirables que por lo más degradante, ¿por qué alguien que sueña con matar no lo va a hacer a lo grande?

Señalé que la desmoralización del siglo XX se componía de tres ingredientes que en realidad son lo mismo: es porque la religión mantenía a raya los "instintos básicos" de la mayoría, que siempre son de saqueo y asesinato de los mejores. Es inevitable el paralelismo con la Antigüedad mediterránea, cuando la conquista del Levante por los romanos produjo en su sociedad un trastorno profundo, pues en esa región, tras los siglos de esplendor griego y las conquistas macedonias, las antiguas creencias se habían perdido, arrinconadas primero por la filosofía y después por el cosmopolitismo. Del ateísmo generalizado surgieron Nerón y Calígula. El primero se endiosa y quema Roma, como el asesino de Las Vegas, el segundo desconoce los límites morales de la tradición y convierte en senador a su caballo, como los bestiales animalistas de hoy en día.

También la hegemonía romana había traído una prosperidad generalizada a toda la región, de expansión del Estado, de ideologías igualitarias (como el cristianismo, que surgió y se propagó entonces), de pérdida de las jerarquías... Conviene señalar que ese mundo del Cambalache es la realidad actual de Europa y América, pero no de Asia, región en la que habita la mayor parte de la humanidad y cuya importancia aumenta día a día.

La "maldá insolente" que señala Discépolo en un siglo en que es "lo mismo un burro que un gran profesor" hoy en día no escandaliza: es la norma. Algo como la idea del "derecho a la educación", que no se entiende como que todos puedan aprender sino que todos pueden exigir un título, es sencillamente monstruoso, pero está en los programas de casi todos los partidos en todo Occidente. De ahí la promoción automática en los grados escolares o la fascinante denuncia de la desigualdad educativa (tal como unos tienen tanto y otros tan poco, también el saber está mal repartido, y aquel que estudia y tiene aptitud para ello debe procurar no aprender demasiado para no cometer una injusticia con los que no saben nada). En España se intentó aplicar unos exámenes de Estado para los estudiantes de las diversas fases educativas, pero los partidos de izquierda se opusieron y se renunció a ellos. Y en un documento de la Junta de Andalucía se señalaba que al menos el 2% de los que aspiraban a plazas de maestros deberían acreditar discapacidad intelectual. Poco a poco, lo inadmisible es saber, aprender, conocer, entender, ser capaces...

No es correcto decir que el socialismo alienta o comete crímenes, el socialismo es el crimen, un atentado contra la humanización que lleva a cabo una burocracia cuyo poder aumenta cuanto más degrade al resto de la población. La maldad insolente de Discépolo sería nada hoy en día: las personas que tienen relaciones sexuales con otras de su mismo sexo serían pecadoras en otra época, y en todo caso podría ser cualquiera que se lo quiera permitir, como quien se emborracha, toma drogas o juega a la ruleta. Hoy en día son agraviados por quienes no lo hacen, y entre las consignas del partido Podemos (el preferido por los votantes españoles menores de 34 años, con más de un tercio de los votos según las encuestas actuales) estaba la queja porque "el papa no nos deja comernos las almejas" ("almeja" es un nombre vulgar para la vulva).
Qué falta de respeto,
Qué atropello a la razón;
Cualquiera es un señor,
Cualquiera es un ladrón.
Mezclaos con Stavisky,
Van don Bosco y la Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín.
Igual que en la vidriera irrespetuosa
De los cambalaches
Se ha mezclao la vida,
Y herida por un sable sin remaches
Ves llorar la Biblia contra un calefón. 
 
Siglo veinte, cambalache
Problemático y febril
El que no llora, no mama,
Y el que no afana es un gil.
Dale nomás, dale que va,
Que allá en el horno nos vamo a encontrar.
No pienses más, échate a un lao,
Que a nadie importa si naciste honrao.
Que es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey,
Que el que vive de los otros,
Que el que mata o el que cura
O está fuera de la ley.
(Sobre los diversos personajes mencionados, véase este enlace.) La "vidriera irrespetuosa" es hoy el elegante mostrador de Rick Harrison y el menesteroso que empeñaba la Biblia o el calefón (calentador de agua) es hoy el que lleva su colección de cómics o algún documento firmado por un deportista o cantante y que cree que puede interesar a algún coleccionista. Hay muchos más recursos y la vida es fácil (como en la canción Somertime) pero también la peste igualitarista es mucho más amenazante.

No vale la pena ni prestar atención a los nostálgicos de un mundo que ya era caduco cuando Discépolo compuso su canción, los ateos no nos vamos a volver católicos, y tal como los atenienses condenaron a muerte a Anaxágoras por predicar que el sol era una piedra incandescente y no el amo del universo, todavía hay en la periferia sudamericana quienes defienden los viejos valores soñando que volverán a imperar. Es necesario entender el mundo moderno y denunciar las infamias del igualitarismo y su relativismo moral de modo que la gran herencia del Occidente dé lugar a un "nuevo paradigma": de otro modo los asiáticos serán los amos del mundo y el islam conquistará Europa sin resistencia.

10 oct. 2017

Vergonzosa reelección presidencial

Por Jaime Castro Ramírez

Las instancias del poder político requieren un estándar de decencia, incluso desde su origen sabiendo elegir, que es la decisión popular, y con mayor veraz en la escena de campaña donde aparecen los actores que aspiran a gobernar, quienes su identidad ante el pueblo no puede ser otra que su seriedad y coherencia en sus propuestas para el ejercicio del poder, y obviamente su transparencia para conseguir el favor electoral del pueblo a través del poder de la palabra, valga decir, sin acudir a maniobras ventajosas calculadas para pasar por encima de otros como sea, o a través de procedimientos inapropiados (llámense procedimientos indecentes), o quizás conductas que rayan en el límite del código penal por delitos electorales, como por ejemplo la reprochable práctica de la compra de votos, u otra clase de contravenciones a la ley.

Quienes aspiran a la más alta magistratura del Estado, les corresponde por sentido común empezar por ser buen ejemplo para la sociedad que aspiran a gobernar.

La reelección del presidente Santos en 2014
El transcurso del tiempo va mostrando realidades que su precursor y sus cortesanos-políticos han pretendido mantenerlas bajo intenciones furtivas y ocultas bajo la penumbra del eventual olvido de los colombianos. Las circunstancias que rodearon la reelección presidencial de Juan Manuel Santos se han venido destapando y por consiguiente se ha venido conociendo su verdadera dinámica a través de la cual se montó todo un aparato de perspectiva perversa para lograr como fuera dicha reelección.

Después de perder Santos en primera vuelta la contienda electoral de su reelección por cerca de medio millón de votos, él mismo anunció que ahora si se activaría la verdadera campaña. Y efectivamente la ‘activó’, y de qué manera. De inmediato conformó todo un batallón muy bien “equipado” de colaboradores pertenecientes a los partidos de la ‘unidad nacional’ (serviles al régimen), equipado con la suficiente ‘mermelada’ procedente de dineros del Estado (resteando la bonanza petrolera), y ahora han descubierto que en la campaña Santos 2014 dizque también estuvo presente el dinero corrupto procedente de Odebrecht. Por consiguiente, había suficiente dinero para que a lo largo y ancho del país se consiguieran los votos que le dieran el triunfo en la segunda vuelta.

Ahí aparecieron entonces en acción suficientes ‘ñoños’ y ‘musas’, que desplegaron, no propiamente una intensa labor persuasiva de verdadero pensamiento político, pues ni tenían ese versado alcance intelectual, ni se requería esa altura en el debate electoral para alcanzar el objetivo, es decir, se trataba de lograrlo, si o si, no importaban los medios sino el fin. Hasta ahí no había funcionado la perversa estrategia que se inventaron de campaña sucia con el cuento del hacker, y entonces había que recurrir a otra siniestra forma de sumar votos, la peor forma de corromper la política y desvirtuar la democracia: la compra de votos. Para eso había que utilizar la mermelada corrupta. La estadística dice que Juan Manuel Santos en la primera vuelta perdió con Zuluaga por 458.000 votos y en la segunda vuelta apareció ganándole a Zuluaga por 900.000 votos, o sea que respecto a la primera vuelta obtuvo 1.358.000 votos más que su contendor.

Citando un solo ejemplo, el 15 de junio de 2014 los propios Ñoño y Musa sumando sus dos votaciones le aportaron a Santos en el departamento de Córdoba 308.000 votos en la segunda vuelta presidencial, cuando la sumatoria de votos de ellos mismos en la primera vuelta el 25 de mayo del mismo año le habían aportado un guarismo aproximado de 88.000 votos, es decir que incrementaron la votación en 20 días en 220.000 votos. Se nota que funcionó la mermelada… Los otros “ñoños y musas” completaron la faena electoral del ‘rebusque’ de votos en el resto del país.

Se va destapando la verdad
Ahora que los grandes electores de Santos, señores Ñoño Elías y Musa Besaile, están en la cárcel por temas de corrupción y otros delitos, han empezado a hablar. Por ejemplo, el señor Ñoño ha dicho que dinero procedente de Odebrecht tenía como destino la campaña reeleccionista de Santos 2014, lo que confirmaría los indicios que ya se conocían al respecto. Y seguramente se seguirá conociendo más información relacionada con la corrupción en el alto poder. El asunto es: ¿habrá justicia en Colombia, como se observa en otros países de la región? Por el caso Odebrecht en Perú está en la cárcel un expresidente de la república y su esposa, y tiene orden de captura otro expresidente de ese país, en Ecuador está preso el actual vicepresidente de la república. En Colombia ¿qué opinará al respecto el presidente Santos?

Atomización de los partidos políticos
El contubernio o componenda por efecto de la mermelada que ha existido entre el gobierno de Santos con los partidos llamados de la “unidad nacional”, que son todos, a excepción de un solo partido que ha ejercido la oposición política, esto ha generado un muy mal precedente para los partidos políticos, lo que se traduce en algo muy grave que consiste en debilitar la democracia de la cual hacen parte, pues lo que Santos ha logrado es dividirlos y desacreditarlos con esa figura indecente de la mermelada para ‘comprarles’ el apoyo, y el resultado ha sido conllevarlos a su atomización que los convierte en entes desarticulados por la desconfianza de la opinión pública en su organización ideológica. Tanto será ese efecto político nocivo de mala imagen a que Santos ha llevado los partidos que para las elecciones presidenciales del 2018 los candidatos no acuden al aval de sus respectivos partidos desacreditados, sino que prefieren lanzarse a la feria de recolección de firmas para acreditar sus candidaturas. Esto constituye un mal indicativo para la democracia, pero además es un fenómeno que no se había visto en la democracia colombiana que un presidente llevara los partidos a un estado de postración a través de generar en ellos la incredulidad, desconfianza, e indiferencia de la ciudadanía.

Esta situación de confusión y desconfianza en los partidos políticos tradicionales es lo que suele dar paso al riesgo de aventuras políticas de izquierda en el poder, al estilo Venezuela.

25 sep. 2017

La trascendencia del engaño

Por Jaime Castro Ramírez

Los cánones de la filosofía política indican el rigor con que un gobernante debe proceder en el fiel cumplimiento de la misión que le ha sido otorgada por el pueblo: la misión de gobernar con pleno apego a la Constitución y la ley en defensa del Estado de derecho, defendiendo la soberanía nacional, y buscando siempre la forma de que en conclusión el resultado de su gestión se traduzca en lograr bienestar social, pues al fin de cuentas, la política es el arte de gobernar con sentido social y patriótico. Estos preceptos, por constituir un mandato superior del pueblo, deben cumplirse estrictamente por parte del gobernante. Apartarse en algún sentido de este cumplimiento del deber utilizando el poder a su antojo y en forma inapropiada, y generando circunstancias inconvenientes para el bien común, esto constituye una conducta condenable con la denominación de traición a la patria.

Lo que ha ocurrido en Colombia en el gobierno Santos
Lo primero que hay que reiterar es que cuando Juan Manuel Santos Calderón decidió aspirar a ser presidente de la república, en su campaña política presidencial expuso como promesas justamente lo que luego no cumplió (eso se llama engaño al pueblo); y al contrario, lo que no le dijo a la opinión pública, eso fue lo que hizo, por supuesto atropellando la voluntad ciudadana que lo eligió. Solo es citar dos ejemplos de lo que no habló en campaña: convertirse en admirador y adulador de Hugo Chávez (la desgracia de Venezuela), y transigir con lo que se convirtió en un “Acuerdo de Concesiones” a favor de las Farc (llamado “Acuerdo de paz”), pero que con las exageradas concesiones que les admitió terminó en lo que se podría denominar ‘paz comprada’, y a ¡qué precio!, pues además hay que concluir en que la paz comprada no es paz. Aquí tendría validez mencionar lo que dijo el filósofo y jurista francés Montesquieu: “La paz no se puede comprar, pues aquel que la ha vendido queda en mejores condiciones para volver a venderla”. Bueno, hay que decir que las Farc estaban en su derecho de ir a tratar de vender la paz bien cara a través de sus exigencias, pero el responsable directo de esa onerosa compra fue Santos, porque fue a claudicar en nombre de los colombianos como presidente de la república. Engaño al pueblo, igual que como fue el resultado de la promesa a los colombianos de no subir impuestos, pero sin embargo lo hizo, perjudicando a amplios sectores de la economía y su competitividad, además de crear desconfianza en los inversionistas extranjeros por la onerosa carga impositiva generada en la inestabilidad fiscal.

Es perfectamente clara la convicción natural más preciada de todo ser humano: vivir en paz. Esto significa que por simple lógica no existen “enemigos de la paz”, pero infortunadamente así es la polarización que ha propagado el gobierno Santos (que habla de paz) como respuesta a quienes no están de acuerdo con la forma como se negoció el Acuerdo de Concesiones con las Farc.

Al hablar de transigir en ese ‘Acuerdo de concesiones’, o sea, Santos aceptando todas las exigencias de las Farc, con el fin de firmar un acuerdo, se podrían mencionar algunas:

1. Reforma agraria expropiatoria a través de extinción administrativa de dominio y expropiaciones, para luego convertir bienes individuales en lo que se denomina en idioma socialista la ‘colectivización’ del campo (parcelas de poca producción y sin posibilidad de competitividad), reforma agraria que cubrirá una amplitud territorial de 10 millones de hectáreas (fondo de tierras de 3 millones de ha, y formalización de 7 millones de ha) de aplicación universal, es decir que la incertidumbre jurídica existirá en cualquier parte del territorio nacional. Una instancia, seguramente de las Farc, será la que decida el uso de la tierra. Lo que no aparece en el Acuerdo es la obligación de las Farc de devolver todas las tierras que expropiaron a los campesinos, ni la obligación de reparar económicamente los perjuicios causados por el desplazamiento forzado.

2. Zonas de reserva campesina, que serán básicamente zonas de control territorial por parte de las Farc, con plena autonomía en su manejo y que seguramente utilizarán como una especie de corredores geoestratégicos para las actividades que dentro de su porte ideológico consideren pertinentes realizar.

3. Aceptar el narcotráfico de las Farc como delito conexo al delito político con tal de permitirles la impunidad y extinción de la acción penal, al igual que con los delitos de lesa humanidad por secuestro, desaparición forzada, desplazamiento de personas, y secuestro e incorporación forzada a la guerrilla de menores de edad niños y niñas y la violación sistemática de estas menores.

4. Aceptar que la dejación o entrega de armas fuera en secreto, es decir que no hubiera registro público de fotografía ni de video sobre la cantidad y clase de armas entregadas, lo cual dejó dos grandes dudas y desconfianza de la gente: primero, sobre qué fue lo que supuestamente entregaron, y segundo, cuántas y qué clase de armas dejarían en su poder, lo que implicaría algo muy grave: la conformación de un partido político armado.

5. Como las condiciones las impusieron las Farc, y Santos simplemente las aceptó, por tal motivo, en el Acuerdo no aparece condena alguna a la acción criminal realizada a través de la ‘combinación de todas las formas de lucha’.

6. Fue aceptada la eliminación del umbral mínimo de votación en elecciones de corporaciones públicas, requisito para mantener la personería jurídica de los partidos políticos, por supuesto con el objetivo de favorecer los intereses del partido de las Farc.

7. Santos prometió públicamente que no iban a haber “curules regaladas”, pues resulta que no cumplió esa promesa, y en el Acuerdo quedó pactado que de entrada les regala 10 curules a las Farc en el congreso de la república en 2018.

8. En el 2022 tendrán 16 curules más de circunscripciones especiales que las Farc exigieron fueran pactadas en el Acuerdo.

9. Se comprometió Santos a entregarles a las Farc 20 emisoras FM que las utilizarán para promover su plataforma ideológica en todo el país, además de habilitarles un canal institucional de televisión.

10. En el tema de las minas anti-persona, Santos aceptó que el desminado se haga, no por las Farc que cometieron ese delito de lesa humanidad, sino que lo haga el ejército colombiano y la policía, por supuesto exponiendo sus vidas en tal procedimiento.

Aunque estas no son todas las concesiones de Santos, por lo menos muestran un preocupante síntoma de lo que le espera a Colombia con todo este empoderamiento a las Farc (llamado paz), y en consecuencia, se puede prever que lo peor está por venir desde el punto de vista político (socialismo-comunismo), y también desde el punto de vista económico con el muy amplio número de compromisos en que Santos se comprometió con las Farc, los cuales valen aproximadamente 93 billones de pesos. Aunque él no cumplirá, si dejará hipotecado al siguiente(s) gobierno(s).

Todo este escenario en el que lo que más se observa es la claudicación del Estado, la falta de justicia y por lo tanto la impunidad, la falta de verdad y reparación a las víctimas por parte de las Farc; lo utilizó Juan Manuel Santos con otro perfil y como bandera política ante la comunidad internacional para que le concedieran el Premio Nobel de Paz. Habría que ver qué clase de análisis hizo el ‘Comité Nobel Noruego’, si quizás haya sido inducido a error para tomar la decisión de otorgarle ese Premio Nobel.

A propósito del Premio Nobel, el presidente Santos dijo públicamente que el dinero proveniente de esa distinción lo donaría a una entidad de beneficencia, por lo cual habría que preguntarle ¿a qué entidad le hizo la donación…?

Entonces se concluye en que la trascendencia del engaño del gobierno Santos ha sido de una magnitud superior en varios aspectos de la vida nacional. Incluso con el tema del narcotráfico aparece otra mentira porque hace alarde de luchar permanentemente contra ese delito, pero claramente se observa que no es así, pues entonces cómo explicar la realidad que de 40 mil hectáreas se pasó a 200 mil hectáreas sembradas de coca. Esto es el resultado de haberle aceptado a las Farc la exigencia de prohibir la fumigación.

Al margen, es pertinente particularizar que otro engaño de Santos fue en el sentido de que vendió a Isagen (en una subasta de un solo participante) y dijo que ese dinero en su totalidad tenía una destinación específica porque era únicamente para construir grandes obras de infraestructura. Pues la realidad es que esas grandes obras ya no se vieron, pero la pregunta esencial es: ¿qué se hicieron esos 6.4 billones de pesos, dónde están depositados? El país requiere una respuesta presidencial.

7 sep. 2017

Resignación: el vicio

Por @ruiz_senior

Resignarse, "conformarse con las adversidades", según el diccionario, es lo que hacen los colombianos que no quieren convertirse en esclavos de los genocidas totalitarios. Primero permitieron que el presidente elegido en 2010 para continuar la política de Seguridad Democrática hiciera lo contrario y persiguiera a quienes lo habían llevado al poder. ¿Por qué? Por indolencia, por cobardía y sobre todo por esa lacra moral que es el servilismo, un rasgo que desconcierta hasta el escándalo a quien vive fuera y en relación con otras gentes.

No se le hizo ninguna oposición a Santos a pesar de la persecución inmisericorde, que comenzó en los mismos días de la posesión, con atentados terroristas como la bomba de Caracol, que como siempre se atribuyó a los enemigos de la negociación con los terroristas. Había alguna cuota de poder que a Uribe le interesaba conservar y por eso era mejor "pasar de agache" ante las agresiones. Dado que tanto Santos como Uribe pertenecían al mismo partido, lo mejor fue fingir no darse cuenta de que todos los congresistas estaban apoyando la persecución y todo lo que propusieran los del bando terrorista.

Se pensaba que Uribe podría presentarse como candidato a la Alcaldía de Bogotá en 2011, y si lo hubiera hecho probablemente habría ganado y sería otra la historia de la ciudad, pero no estaba en sus planes contrariar a Santos, cuya maquinaria se dedicó, junto con los recursos del país, a hacer alcalde al inefable Petro para lo que dispersaron el voto discrepante (clave para premiar a los genocidas). Uribe ni siquiera se dio por enterado de esa jugada: su propósito al parecer era mostrarle a Santos cuánto lo necesitaba porque tenía los votos y el pueblo lo quería. No resultó, el pueblo al parecer no lo quería tanto y ninguna alcaldía importante fue para el partido de Santos y Uribe. Pero sobre todo, no se habló del cambio de rumbo de Santos, no fuera a ser que dijeran que Uribe no dejaba gobernar, o que se había vuelto enemigo de la paz.

En todo ese tiempo los partidarios del gobierno narcoterrorista tenían un "latiguillo" con el que azotaban sin cesar a su audiencia: ¿por qué Uribe no se retira como otros expresidentes? Ahora se me ocurre que si se hubiera retirado todo sería distinto y se podría haber hecho algo para impedir la implantación de la tiranía. ¿Por qué siguió? Porque aspiraba (y aspira) a volver a la presidencia, tal como intentó cambiar la ley para presentarse a un tercer periodo. Y por eso le preocupaba tanto que lo calificaran como el que no dejaba gobernar o como el enemigo de la paz. La chusma no veía ningún problema, ¿por qué no iba a seguir? ¿Qué importan las leyes? Ese pueblo ignorante, sentimental y laxo moralmente que aplaudía la presidencia vitalicia del prócer es el mismo que en sus países seguía a Stroessner y a Somoza, que también ganaban elecciones siempre, o a Fujimori, que aplicó el modelo de hiperexposición televisiva que después imitaron Chávez y Uribe. El intento de segunda reelección fue el mejor argumento que tuvieron los narcoterroristas fuera de Colombia: resultaban demócratas que se rebelaban contra un régimen dictatorial. Exactamente eso pasó con los sandinistas en Nicaragua, eran en los medios la esperanza de salida de una tiranía.

Es decir, Uribe no se retiraba pero tampoco dejaba hacer oposición. El aplauso a las negociaciones de La Habana por parte de muchos de los líderes del CD no se notó porque a la chusma se la tenía enamorada con el lloriqueo impotente ante la escalada del crimen y los activistas, columnistas y políticos profesionales llenaban el vacío de ideas y perspectivas con hosannas al gran líder, cosa que era y es la más importante para situarse cerca de las curules o los puestos importantes en caso de que se recupere la cuota de poder. El que no aprobaba del todo que se legitimara a los asesinos convirtiéndolos en creadores de leyes se resignaba, en espera de las elecciones de 2014, sin que hubiera marchas ni protestas ni actuaciones públicas masivas de rechazo a esa infamia. Como mucho, el repugnante lema "paz sin impunidad" en Twitter, por el que se aceptaba que los asesinos crearan leyes pero si algunos de ellos tenían castigo.

Esos resignados no se dan cuenta de que son el verdadero problema, tal como ante una epidemia lo peor son los malos médicos, que se convierten en propagadores del mal. En siete años no se han dado cuenta de que no hay oposición a la negociación "de paz" ni al acuerdo final, y para no resultar en minoría se siguen definiendo como "uribistas". El problema, todo el problema, es que haya alguien que no acepte esa negociación ni ese acuerdo: que no se resigne a ser esclavo de los terroristas. Con ese enfoque no se puede ser uribista, un uribista que se oponga al acuerdo que Uribe promete no revocar y al que salvó de la extinción tras el triunfo del NO en el plebiscito es como un vegetariano caníbal, o un violador decente. Ya basta de mala fe, los que justifican su resignación a seguir tras Uribe con el pretexto de no querer quedar en minoría lo que hacen es encauzar a la mayoría que no quiere someterse al narcoterrorismo hacia lo que convenga a los intereses turbios de los dirigentes del CD. Mala fe, cobardía, servilismo e indolencia, los rasgos idiosincrásicos que llevan a la resignación.

Tras la mentira repulsiva de la "estrategia" (según la cual el CD aprobaba el acuerdo aplicando un plan maquiavélico para llegar al poder y entonces tumbarlo) salen ahora con el cuento de la resignación: ya ese acuerdo fue respaldado por las cortes, ya no se puede cambiar. Lo expresó mejor que nadie Rafael Guarín: las FARC han sabido crear su legalidad, los enemigos del acuerdo están fuera de esa legalidad. Lo cito para que no me acusen de interpretar abusivamente. 
La paradoja es que mientras las FARC consiguieron del gobierno de Santos cambiar el orden jurídico y entrar a jugar dentro de él, sean ahora los extremistas de derecha los que pretendan levantar la bandera de la subversión.
Con la más perversa desfachatez, este amanuense de Uribe declara que es un crimen oponerse al nuevo orden. La resignación que conviene a las carreras de los aduladores es obligatoria y cualquier discrepancia se contesta con intimidación.

Sé que a muchos les escandaliza que describa a menudo en Twitter al CD como una banda criminal. Es porque me baso en el diccionario y no en reacciones sentimentales: como la madre que les dice a los asistentes a una jura de bandera militar "mi hijo es el único que no tiene el paso cambiado" o como el que oye por la radio que un loco se ha metido en contravía por la autopista y razona "Pues yo ya he visto más de treinta", el uribista razona que los criminales son los demás, pero ¿CÓMO HAY QUE ENTENDER LA RESIGNACIÓN ANTE LA INFAMIA DE LA HABANA? Si usted se hace cómplice de un crimen, usted es otro criminal, cosa que cuesta explicarles a los colombianos por su indigencia moral: el que contrata a un sicario se siente un poco avergonzado de tener que entenderse con asesinos, y durante años me miraban como quien propusiera espetar a las madres y asarlas a la brasa cuando me refería a Alfredo Molano como un criminal. El crimen para los colombianos es usar botas horribles de caucho y tener las uñas sucias (por eso odian a Cepeda y no a Roberto Pombo o Antonio Caballero). Por sentimentalismo, como decía Trump, el líder puede matar a alguien y lo seguirían apoyando.

Si uno está a favor del acuerdo de La Habana es un cómplice del peor crimen. Si se dedica a la política y se lucra de ella y no combate ese acuerdo es otro criminal. ¡POR EL AMOR DE DIOS, NO ES LA MARCA DEL CALZADO!

Pero las razones políticas, históricas o morales no conmueven a los colombianos, para los que siempre priman las lealtades personales (como la de la familia de cualquier malhechor). Los que siguen en el CD, por muy patéticas que sean sus protestas con el acuerdo de La Habana (sí, me refiero a Fernando Londoño), dan ejemplo de resignación porque creen que son el santo Job pero sólo muestran su falta de principios. Como cualquier vicio, la resignación demanda cada vez más sometimiento: ya les pusieron al narcoterrorista Angelino Garzón a mediar entre los precandidatos y no van a abandonar el CD porque en realidad la ley, la democracia, la justicia, la libertad y los derechos humanos les importan menos que sus buenas relaciones con el poderoso señor que prefiere a ese miembro del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista.

Se creen atropellados por una conjura a la que no obstante se acomodan con diversos pretextos y a la postre sólo son malos médicos que contribuyen con su resignación a la propagación de la epidemia, al triunfo de la muerte. Ni el CD obtendrá más curules que en 2014 ni su candidato, sea quien sea, pasará a segunda vuelta. Tras ponerse de parte de "la paz" no representan nada más que la costumbre de los menos avisados, como cualquier producto obsoleto. También a esa irrelevancia se resignarán.

4 sep. 2017

La política y la corrupción de la justicia


Por Jaime Castro Ramírez



La independencia de poderes como razón fundante de la democracia, exige obviamente pulcritud de acción de cada una de las ramas del poder, pues se requiere de esa clase de apoyo mutuo entre ellas para lograr articular los lineamientos de equilibrio institucional, respeto e independencia que fortalezcan el Estado de derecho, y cuyo resultado conduzca a poder establecer sólidas políticas públicas de gobierno, con las cuales se garantice el logro de los objetivos propios de un gobierno democrático.

La justicia en Colombia inducida a la corrupción por su origen político
Si la cabeza no funciona bien, lo demás se desvanece por falta de órdenes adecuadas de dirección. La corrupción en Colombia ha ocurrido en diferentes campos de la administración pública, en todos los gobiernos; pero en el gobierno Santos ha ocurrido lo más absurdo e increíble, pues cruzaron lejos la raya histórica promedio de corrupción que existía. Quién lo creyera que aparte de la corrupción generalizada, haya aparecido la cúpula del poder judicial como actor muy destacado en ese perverso escenario.

Para cualquier desprevenido analista de temas nacionales le sería muy difícil creer si le dicen que unos presidentes de la Corte Suprema de Justicia han incurrido en graves problemas de corrupción consistentes en aceptar cabildeo de abogados “calanchines” para ‘vender sentencias judiciales’ por grandes sumas de dinero, para favorecer a implicados en delitos, generalmente delitos de corrupción también. Como quien dice: ‘Tu mes das dinero y yo fallo a tu favor’. Qué horror, esto es más que vergonzoso. Y si así han obrado magistrados que han actuado como presidentes de alta Corte, y también lo han hecho magistrados de Tribunales, por ejemplo el tribunal del departamento del Meta, con tal ejemplo, cómo será el margen de corrupción de ahí hacia abajo en el orden jerárquico de esta rama del poder público, el poder judicial.

Campeones de la corrupción
Desafortunadamente, hay que decirlo sin rodeos porque es muy bien sabido por la opinión pública que el origen de la corrupción está en la clase política que es insaciable en esta conducta delictiva de apoderarse de los dineros del erario que han pagado los contribuyentes de impuestos. Esto desmoraliza a quienes pagan impuestos porque hacen un grande esfuerzo para pagar tributos, pero saben que muy buena parte de ese dinero va a parar a los bolsillos de bandidos que portan escarapela de políticos.

La contaminación de la justicia
Antes de la Constitución de 1991 los magistrados de las altas Cortes eran elegidos por el sistema de cooptación, valga decir que la designación para cubrir vacantes se hacía mediante el voto de los magistrados de la respectiva Corte. Así las Cortes eran corporaciones muy respetables, conformadas por verdaderos juristas comprometidos únicamente con el acatamiento a la majestad de la Constitución y la ley.

Pues resulta que un grave error de la Constitución del 91 fue quitar la cooptación y convertir la elección de los magistrados en origen político, es decir por parte del Congreso de la República. Esta Constitución creó el Consejo Superior de la Judicatura cuyos miembros son elegidos por el Congreso, y a la vez tal Consejo Superior escoge los candidatos a magistrados de las altas Cortes para que luego sean elegidos por el Congreso. Al quedar estas decisiones en manos de la política, esto convirtió la existencia de una justicia decente y honrada, en un engendro de corrupción, como lo que se está viendo actualmente.

En un país donde hubiera justicia, tales magistrados corruptos debieran estar ya en la cárcel, pero es que para completar la escena, estos individuos quedaron blindados por la Constitución con el título de “aforados”, lo que significa que no hay instancia judicial seria que los juzgue, sino que supuestamente los juzga es el mismo Congreso de la República a través de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, órgano este que históricamente ha demostrado su absoluta incapacidad de acción como investigador y acusador, es decir que sirve para nada, o bueno, sirve para amparar la impunidad de los famosos aforados, pues en estas condiciones delinquen con la tranquilidad de que no les pasará nada porque saben que la justicia no existe para ellos.

Donde no hay justicia reina el caos de la perversión y la anarquía por falta de autoridad. Solo una Constituyente elegida popularmente, y sin constituyentes que sean políticos de profesión, sería la única forma de corregir los graves entuertos de la justicia en Colombia.

27 ago. 2017

La fiebre del colono

Por @ruiz_senior


La masacre de Barcelona puede verse como la obra de unos locos o como la materialización de una ideología perversa, pero forma parte de un fenómeno mucho más amplio que el yihadismo: la colonización de Europa por los musulmanes, ante la que los europeos no ofrecen ninguna respuesta sensata.

Los recientes atentados yihadistas en Barcelona han generado toda clase de reacciones y polémicas que son un buen indicio de lo que pasa por la cabeza de los europeos y de los occidentales en general. Me propongo demostrar que el verdadero misterio no es la actuación de los terroristas ni sus motivaciones sino la percepción que de todo eso tienen los europeos.

Es el primer atentado yihadista que tiene lugar en Barcelona, pero en 2004 tuvo lugar la masacre de Atocha, en Madrid, con 191 muertos, si bien hay quienes dudan de la autoría yihadista. Esa atrocidad permitió la elección de Rodríguez Zapatero y sus gravísimas secuelas.

Pero en el resto de Europa occidental los crímenes yihadistas son cosa de todos los días, no siempre con tantos muertos pero siempre con la determinación de algún "trastornado psicópata" que grita "Al·lahu akbar" al tratar de matar a alguien.

Es muy importante detenerse en esa noción del "trastornado" o del "psicópata" porque es lo que la inmensa mayoría de los europeos entienden que les pasa a los terroristas. También es muy frecuente la idea de que son "fanáticos", víctimas de un "lavado de cerebro" al que los someten unos malvados cuyos móviles son inexplicables.

¿Por qué lo hacen? Otra explicación muy socorrida se relaciona con la perversidad intrínseca del islam. Si bien es una religión de conquista particularmente intransigente (aunque no tanto como el cristianismo católico, que persiguió con saña todas las demás opciones religiosas en las regiones en que dominó, mientras que en la mayoría de los países musulmanes había importantes comunidades de cristianos y judíos hasta bien entrado el siglo XX), el islam es sobre todo una adaptación de las ideas centrales del judaísmo y del cristianismo a la cultura de los árabes. Comparada con el cristianismo, la religión mahometana tiene muchos menos elementos supersticiosos. Mahoma no resucitó muertos ni le devolvió la visión a ciegos. Su único "milagro" es el libro (si se piensa que el hombre era analfabeto impresiona la memoria que tendría). Tampoco hay en el islam "misterios" como la ingesta del cuerpo de Dios y de su sangre, y puede que tampoco la desconcertante resurrección de la carne.

Se cree que el islam es una religión guerrera, pero en el Corán y en los hadices hay textos que se prestan a muchas interpretaciones, como ocurre con los evangelios. En la época del Che Guevara era frecuente ver un cartel en el que aparecía Cristo con una leyenda "No he venido a traer la paz sino la guerra" (de hecho, el portavoz del Estado Islámico que habla español parece un Che Guevara hipster). La gente que ponía esos carteles en los colegios o en sus casas era casi la misma que ahora vive en Colombia enamorada de la paz, aunque han pasado muchas décadas de crímenes atroces y cocaína . Los de ahora son más viles. La misma expresión "yihad" ("esfuerzo") alude a la expansión de la religión, casi como se alude entre los cristianos a una "misión". Pero siempre con ese sentido de la religión de perfeccionamiento moral (un amigo que se crio en un país musulmán me decía que cuando un muchacho optaba por hacerse religioso todo el barrio hacía fiesta, pues de algún modo era alguien que renunciaba a la vida frívola y baja en aras de un ideal superior).

¿Por qué un individuo joven y sano que no ha tenido dificultades especiales en la vida se convierte en un asesino despiadado de personas indefensas? Las típicas personitas de Europa meridional y Latinoamérica que se han "formado" a punta de propaganda comunista razonan en seguida que la causa es el desempleo, la discriminación, la exclusión, la desigualdad, etc. Al lado de esta gente los asesinos islamistas son sensatos, no se les ocurre pensar que el mundo fue creado con lavadoras y aire acondicionado para todos ni que quienes no disponen de ellos es porque han sido despojados por los fabricantes de esos aparatos. Es obvio que una persona que no tiene la ocupación ni el ingreso para vivir satisfecha estará más dispuesta a pensar en agredir a la sociedad, pero sin ir más lejos los que cometieron la masacre de Barcelona tenían buenos ingresos de distintas fuentes.

Primero está la vieja guerra de los árabes y musulmanes contra los occidentales. Cervantes perdió un brazo guerreando con los turcos en Lepanto y en una fecha tan reciente como 1683 los mismos turcos estaban a las puertas de Viena. La historia posterior determinó la derrota de los musulmanes y aun su colonización por los europeos. Eso ya pasó, pero ¿por qué no pensar que la gente de esas naciones sigue ansiando la revancha? Los europeos actuales sienten que eso es una tremenda estupidez, a la manera del burro filósofo que mencionaba Estanislao Zuleta: "¿Cómo es que las águilas despojan a las cabras de sus crías y no comen hierba como yo, sin molestar a nadie?". Si se hurgara concienzudamente en la mente de esos europeos saldría que ven a los musulmanes como gente que tuvo la mala suerte de no ser como ellos.

Se pueden seguir señalando elementos relacionados con los atentados yihadistas pero todo conduce a lo mismo: ¿es previsible un "choque de civilizaciones" entre Occidente y el islam y una guerra que comprometa a los europeos? ¿Quién podría ganar esa guerra? Mi opinión es que tratándose de una guerra de colonización la ganarán los musulmanes. Si se piensa en eso los asesinos "fanáticos" de las células extremistas son simplemente soldados de una causa que tiene muchísimo futuro.

Pero esta idea sin duda encontrará muchas objeciones. La principal, la de sacrificar la propia vida. Es la primera respuesta del burro filósofo y lo que explica el triunfo seguro de los musulmanes. A los niños los asustan hablándoles de los kamikaze japoneses que se lanzaban a una muerte segura, pero por una parte no podrían optar por otra cosa y por la otra ¿qué hace quien va a la guerra? Se dice que la proporción de supervivientes entre los aviadores estadounidenses que participaron en la guerra en Europa era del 30%. La mayoría murieron. El joven islamista no muere en atentados suicidas porque crea en las huríes que lo atenderán en el paraíso (leyenda urbana que no forma parte de la doctrina musulmana, que no aparece ni en el Corán ni en los hadices) sino porque hacerlo es algo honroso entre los suyos, sobre todo en la comunidad radical en que de algún modo se integra. Así ha sido toda la vida: se dice que Goethe hizo infeliz a su hijo por no dejarlo ir a hacer la guerra contra Napoleón. Le regaló la fama de cobarde y desleal. Los jóvenes colonos musulmanes dan la vida por su patria islámica y los europeos no se lo explican porque aparte de cualquier fin egoísta no conciben la menor renuncia a sus placeres y comodidades.

Cuando se trata de Hispanoamérica la comparación con los musulmanes es penosa (por no hablar del país de los descerebrados aviadores kamikaze). La población venezolana es comparable en cantidad a la de los países árabes petroleros del golfo Pérsico. Las reservas de petróleo también. Valdría la pena comparar las condiciones de vida de unos y otros. También se podría comparar la desigualdad en un país como Colombia y en los países árabes de renta parecida (como los del norte de África). Si se busca el índice de homicidios ya se puede hablar claramente de países civilizados y países bárbaros.

Las perspectivas de éxito de la avanzada musulmana en Europa son altísimas. En realidad la historia humana ha sido ésa: la Mesopotamia de la Antigüedad recibía continuas oleadas de inmigrantes e invasores procedentes de Arabia que terminaban siendo la cultura dominante (acadios, caldeos, babilonios, asirios, etc. eran nombres de invasores meridionales). Lo mismo se puede decir del Egipto faraónico (el que pueda darse una vuelta por la maravillosa colección del Metropolitan podrá comprobar como los personajes de las representaciones son muy negros en los primeros milenios y más bien blancos en los últimos). Los personajes del Éxodo eran en esencia inmigrantes asiáticos y en el siglo XVIII a. C. el país cayó en manos de los hicsos. Lo mismo habrá ocurrido con los mongoles en China, y en la Mesoamérica precolombina, según relata Octavio Paz, había una guerra continua entre toltecas y chichimecas (los nómadas guerreros de los desiertos del norte). Los aztecas eran la última oleada triunfante de conquistadores chichimecas. También en la antigua Roma los conquistadores germanos fueron primero inmigrantes hasta cierto punto tolerados. Lo que da ventajas a los conquistadores teóricamente más atrasados, desorganizados y primitivos es la pérdida de firmeza de los ciudadanos asentados: los imperios caen porque no tienen quiénes los defiendan. Ese desistimiento es ahora patente en Europa.

La rebelión antioccidental no era principalmente religiosa hace unas décadas: la mayoría de los regímenes árabes eran de los "no alineados", socios del "no alineado" régimen cubano, y tenían toda clase de relaciones con los soviéticos. También había en la mayoría de esos países partidos comunistas que eran la única opción que atraía a los modernizadores. Liberales y demócratas no ha habido, en todo caso no han significado nada. El islamismo avanzó a partir de la caída del comunismo, que les abría enormes posibilidades geopolíticas, y de la guerra de Afganistán, en la que se demostró que una causa grata a los jefes de las tribus podría vencer a cualquier esfuerzo de asimilación a Occidente. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 reforzaron extraordinariamente esas tendencias. Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de los musulmanes no son árabes y no tienen esa tradición de guerra con Occidente. Por eso la bandera religiosa se hizo hegemónica entre los nacionalistas y antioccidentales (que antes también se inmolaban y aplaudían el terror como en los atentados de Múnich de 1972). Los que se reconocen en la tradición del islam son casi una quinta parte de la población del mundo, y entre ellos el integrismo ha avanzado sin cesar desde 2001, aunque no sea a través de la organización de Bin Laden. Turquía es ya un régimen islamista y en Egipto hubo que pasar por encima del resultado electoral para impedirlo, mientras que Irak y Siria vieron surgir un califato que tiene mucho que ver con los atentados recientes. La nueva afirmación étnica y religiosa que significaron las atrocidades del 11 de septiembre arrastra sin remedio a millones de musulmanes de Asia y África. Y el reino de terror desde Nigeria hasta Afganistán disuade a cualquiera que se quiera apartar de la fe.

¿Cuál es la respuesta de los europeos? Sin el menor rubor predominan los que se levantan muy orondos a decir que no se van a dejar someter y que seguirán tomando cerveza en las terrazas. Respecto de los atentados islamistas, la mayoría de los medios de comunicación los ocultan o tratan de negar que sean agresiones motivadas por el interés de los musulmanes de imponerse. Las violaciones masivas de Colonia en la nochevieja de 2015 tardaron varios días en aparecer en los medios, y la red de prostitución infantil de Rotherham no interesó ni siquiera a la policía, porque la corrección política prohíbe toda manifestación que pueda considerarse islamofobia y favorecer a la extrema derecha.

La actuación de los europeos es exactamente la que conviene al interés islamista. La desaparición de la religión no ha significado más que aquello que anunciaba el católico Chesterton: que tras dejar de creer en Dios se empieza a creer en cualquier cosa. Primero en las utopías colectivistas (el nazismo era una de ellas) y después en nada, en el placer inmediato, en los estimulantes, en el consumismo y en la vanidad personal. La actitud de los políticos y funcionarios europeos es de completa sumisión a los poderosos musulmanes (a tal punto que ante la visita de un dignatario iraní taparon las estatuas que representaban personas desnudas en Roma). Los partidos de izquierda, con violentos frentes feministas y de heterodoxos sexuales, son complacientes con los inmigrantes musulmanes, cuyas nuevas generaciones son un botín electoral que no quieren perder, y todo el mundo acepta el molde multicultural, por el que cada persona resulta adscrita a una comunidad que le puede imponer sus normas y valores.

Las reacciones a los atentados no son campañas contra los terroristas ni contra los integristas musulmanes que los animan, sino contra la islamofobia. A la agresión se responde con amor, y no sería nada raro que las Ramblas de Barcelona se volvieran un escenario habitual de masacres islamistas de todo tipo. El barrio que las rodea tiene miles de habitantes musulmanes y cualquier hecho que ocurra ahí, imposible de evitar, saltaría a las portadas y a las redes sociales de todo el mundo. La colonización y dominación musulmanas son casi hechos consumados porque nadie va a hacer nada para defender las tradiciones y valores de Europa ni para proteger a sus ciudadanos arraigados. La imposición del miedo, de las mujeres con la cara tapada, de los barrios en que impera la sharía y muchas otras realidades no tiene freno. Aunque no se den cuenta, los inmigrantes de países de mayoría musulmana que adhieren a su religión y a su comunidad étnica son un poco más poderosos tras cada atentado. Alguien a quien no se puede ofender ni menospreciar. La expansión demográfica, generosamente pagada por los europeos mediante incentivos a las familias numerosas, hará el resto. Y también la geopolítica, la formación de una vasta alianza de potencias musulmanas que podría "hablar fuerte" en Oriente Medio, Africa y buena parte de Asia y Oceanía.

(Por cierto, buena parte de lo que digo lo dijo hace ya tres años Arturo Pérez Reverte.)