15 jun. 2017

¡Ya basta de uribismo!

Éste es el texto que lee el YouTuber robot de nuestro último video, para aquellos que se sienten mejor leyendo que escuchando (que no son la mayoría en Colombia):

YA BASTA DE URIBISMO

Hola, soy Jarri, el youtuber androide que les transmite las inquietudes del equipo de País Bizarro. Voy a hablarles de lo que ha estado pasando en Colombia estos últimos años.

Santos dio un golpe de Estado y le entregó el país al régimen cubano y a sus sicarios en Colombia, que son las tales FARC. Todavía hay gente que no se da cuenta, pero Colombia ya está en manos de los cubanos, exactamente igual que Venezuela. Y lo que la gente vote ya no importa.

¿Cómo es que ha pasado eso? Porque la mayoría creyó que con apoyar a Uribe ya estaba todo resuelto. Ya era sólo cuestión de que las Fuerzas Armadas mataran o encarcelaran al Secretariado de las FARC y se acababa el problema.

¿Hagan el esfuerzo de acordarse de cómo era Colombia hace diez años? Era increíble el optimismo, sobre todo porque muchos recordaban los gobiernos de Samper y Pastrana, que habían dejado muchísima pobreza y violencia.

Uribe le gustaba mucho a la mayoría de la gente, era el líder familiar que veían todos los días en la televisión, como pasaba en esos mismos años con Chávez en Venezuela y antes con Fujimori en Perú.

Pero después de las elecciones de 2010 el nuevo presidente elegido por los uribistas resultó amigo de Chávez y las FARC y el partido uribista resultó igualmente enemigo de Uribe. Líderes increíbles como Roy Barreras, Gina Parody o Armando Benedetti resultaron muy firmes críticos de Uribe. Por confiar en Uribe la gente votó por un montón de bandidos.

Y Santos empezó a imponer su régimen totalitario sin que hasta ahora haya tenido oposición. Antes de ser presidente, los comunistas lo acusaban de ser el responsable de los falsos positivos, pero en cuanto se hizo amigo de Chávez y las FARC se les olvidó el asunto.

Santos se gastó billones de pesos del dinero de los colombianos en su propaganda y así consiguió amedrentar a todos los críticos con la promesa de la paz: al que no estaba de acuerdo lo acusaban de estar a favor de “la guerra” y de ser “enemigo de la paz”. Nadie rechistó, Uribe y su nuevo partido evitaron mencionar el tema en las elecciones de 2011 y 2014 porque calculaban que la gente siempre iba a estar a favor de la paz y no de la guerra.

Hay que detenerse en esta idea porque los que desisten de aplicar la ley se ponen en el lado de los criminales. Eso es lo que pasa con la idea de paz y guerra. Un político decente debería decirle a la gente que no hay ninguna guerra sino un montón de crímenes. Lo que llaman guerra es el esfuerzo de aplicar la ley. Lo que llaman paz es la renuncia a aplicar la ley.

Y entonces quien no explica esa mentira de la propaganda porque cree que tiene menos medios para denunciarla que los mentirosos para divulgarla simplemente está ayudando a implantarla.

Todos los que admiten que el llamado conflicto es una guerra están en el bando de los asesinos, porque ¿a quién se le ocurre emprender una guerra? La mafia siciliana o las bandas latinas en Estados Unidos también podrían decir que hay una guerra y exigir premio por sus crímenes haciendo culpable de que sigan a los que no se sometan. Pero al señor Uribe lo rodean montones de lagartos y aduladores que buscan puestos y curules y no están para perder el tiempo defendiendo la verdad o la ley o la democracia. Por eso nunca respondieron a la propaganda mentirosa del gobierno y los terroristas. Sólo se ofrecieron para mejorar la paz.

Por eso la oposición que han hecho es como la del senador maoísta Jorge Enrique Robledo o a veces invocando pretextos absurdos, como la discusión sobre los tres ceros del peso. Con tal de no ser descritos como enemigos de la paz renunciaron a defender la libertad y los derechos de las víctimas del terrorismo. Ese cálculo miserable significó la renuncia a hacer oposición. Cuando un atracador consigue amedrentar al policía, el policía se convierte en un cómplice. Le pagan un sueldo para que aplique la ley, no para que ayude al atracador.

Como ya eran cómplices del golpe de Estado y del premio de los crímenes terroristas, los uribistas se pusieron a buscar el mejor acomodo en el nuevo orden. A sacar partido de la popularidad de Uribe. Empezaron a negociar una Constituyente con las FARC, pero como ya no eran defensores de la ley ni eran nada, esa nueva constitución quedó en nada. Es normal que los terroristas los desprecien.

Hay que pensar que como congresistas ganan sueldos fabulosos y tienen poder, y si le hicieran oposición al régimen los encarcelarían, como ya hicieron con Ramos y Arias y muchos otros. Pero mucha gente que no tiene ni prebendas ni riesgos los justifica: dicen que si aplauden la paz es por estrategia, porque si atacan la paz se les echan encima.

Eso recuerda el chiste del tonto que le pide a un adivino que le enseñe su arte. El adivino le pide que se desnude y el tonto le obedece hasta que llega a la última prenda. Entonces le pregunta si lo que busca no será agredirlo sexualmente, y el adivino lo felicita. “Ya está aprendiendo, ya está adivinando”. Eso les pasa a esos colombianos que siguen confiando en Uribe y su partido, no pueden quejarse de que el uribismo los traicionó, porque deberían haberse dado cuenta de lo que significa negociar la ley con los criminales, y nunca se opusieron, convencidos de que bastaba con confiar en su líder para que todo se resolviera. Algún misterio habría por el que se justificaba no oponerse a la negociación, tal como el aprendiz de adivino debería imaginar algún misterio de ese arte que requería que se desnudara.

Colombia va hacia la hambruna y un régimen de terror pero no hay oposición, y los ciudadanos no la echan de menos. La mayoría de la gente no entiende que las instituciones democráticas son necesarias porque se imagina que el mundo se creó perfecto y vinieron los políticos corruptos a complicarlo todo. Pero el nuevo régimen que implantó Santos acaba con esas instituciones. Los jueces estarán sometidos a una nueva autoridad controlada por los terroristas y las leyes que había hasta ahora importan menos que la nueva jurisdicción.

El golpe de Estado de Santos es la implantación de una dictadura como las que sufren Cuba y Venezuela. Eso es evidente desde 2010, pero nunca ha habido ninguna respuesta. Esa dictadura que hundirá a Colombia avanza gracias a la oposición decorativa que representa el viejo caudillo televisivo y los vividores que lo rodean.

El plebiscito convocado por Santos en el que la mayoría de los colombianos votaron NO demostró que el uribismo sencillamente está en el bando de Santos y las FARC. Fueron corriendo a salvar el acuerdo, y hasta presumen de hacerlo. Y al que se le ocurra cuestionarlo lo llaman de extrema derecha.

Veamos este artículo de Rafael Guarín, antiguo viceministro de Defensa y personaje muy próximo a Uribe.

Dice “El mamertazo de Uribe” como un sarcasmo. Guarín cuenta con que los lectores de esa revista de propaganda del narcoterrorismo piensan que lo contrario de un comunista o mamerto es Uribe. Es retórica barata para chantajear al lector, que ya no puede atreverse a pensar algo así.

Eso se llama falacia. Una falacia llamada argumentum ad logicam. Viene a significar que, dado que Uribe no es comunista, no se puede desaprobar lo que hace o dice porque se estaría diciendo que es comunista.

Leamos el primer párrafo.
Álvaro Uribe señaló que el Centro Democrático no iba a “revocar” el Acuerdo de La Habana, sino “ajustarlo”, “corregirlo”, “modificarlo” y enfrentar la amenaza castro-chavista. Inmediatamente cayó en desgracia frente a las facciones de extrema derecha que participaron a su manera en el NO del 2 de octubre.
¿De qué modo se pude llamar extrema derecha a quienes no están de acuerdo con Uribe, que promete no revocar el acuerdo de La Habana? Del modo en que se expresan los columnistas de Semana, como León Valencia, asesino y secuestrador premiado que trabaja legalmente para el ELN cobrando los crímenes de esa banda, o como Antonio Caballero, que lleva promoviendo y legitimando a las guerrillas comunistas desde los años setenta, cuando era una figura de la revista Alternativa, o como María Jimena Duzán, que también lleva décadas haciendo propaganda a los asesinos y a sus socios cubanos y venezolanos, o como Daniel Coronell, un sicario moral ligado a la mafia que cada semana publica calumnias y falacias que sirven a los intereses de los Santos y las guerrillas.

Guarín es un amanuense de Uribe, a tal punto que, como él mismo cuenta, lo llevó a las reuniones en que fueron a representar el NO. Muchos, movidos por un instinto servil, se indignan de que se critique a Uribe, y por eso no se dan cuenta de que cuando Uribe promete no deshacer el engendro de La Habana se pone en el lado del gobierno.

Pero la gente prefiere someterse a las FARC a que le digan que es de extrema derecha. ¿Qué es la extrema derecha? Antes eran los fascistas y nazis que se oponían a las elecciones libres, o los partidarios de los golpes de Estado. Para Uribe y Guarín son los que defienden las elecciones libres y se oponen al golpe de Estado de Santos. Decir que quienes no se hacen socios de los terroristas y apoyan su engendro son de extrema derecha es un insulto con el que se pretenden tapar los hechos. Una persona de izquierda podría tener los mismos motivos para oponerse, pero Uribe y el Centro Democrático no tienen ideología ni valores sino sólo intereses mezquinos. Por eso corrompen el lenguaje hasta que la defensa de la libertad y la democracia sean de extrema derecha.

La base del acuerdo final de La Habana es la legitimación del narcoterrorismo, que resulta equivalente a las instituciones. No se puede modificar ni mejorar porque es el fruto de un golpe de Estado y supone la abolición de la democracia. Proponer mejorarlo es como aconsejarle a un violador la forma más apropiada de llevar a cabo su crimen. Y no revocar un acuerdo que el pueblo rechazó en un plebiscito es desobedecer al soberano: ayudar a acabar con la democracia. Sencillamente, reconocer el acuerdo de La Habana es ponerse del lado de Santos y las FARC.

Las instituciones colombianas ya no cuentan, están sometidas a La Habana. Por encima del Congreso y del poder judicial estará la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación, formada por diez personas, tres del gobierno, tres de las FARC, y una de Venezuela, otra de Cuba, otra de Noruega y otra de Chile. Eso fue lo que se acordó. ¿Qué se va a modificar ahí?

Uribe está en el bando del gobierno y las FARC, y este secretario suyo ya usa la misma retórica de los terroristas. Veamos el siguiente párrafo.
Al final del comunicado, que desató la furia de trastornados extremistas, el senador Uribe afirma que la razón debe primar sobre la pasión. Lo dice, intuyo, porque sabe que dentro del NO hay facciones peligrosamente antidemocráticas que con discursos de consigna, cual estalinistas, pretenden que cualquier diálogo con el Gobierno sobre la paz es una vil traición.
Es la forma de discutir de las FARC. El que cree que la voluntad del pueblo se debe respetar o que los terroristas no deben ser los amos del país es un trastornado extremista apasionado que no atiende a razones.

Pero mucho ojo al resto. ¿Quién es antidemocrático? El que cree que los votos de la gente deben significar algo. Los demócratas como Uribe y Guarín son los que quieren que las FARC gobiernen. ¿O qué significa no revocar el acuerdo final de La Habana?

Eso se llama corrupción del lenguaje. Se cambia el sentido a las palabras para que signifiquen lo contrario. Esa clase de adjetivos parecen propios de Petro o de Iván Cepeda, pero ahí tienen al amanuense de Uribe usándolos para descalificar al que no quiere someterse a los terroristas.

Esas manipulaciones son típicas de los regímenes totalitarios, pero Guarín dice que quien no se somete sigue consignas como los estalinistas. La característica de esta gente es la desfachatez.
Se trata de recalcitrantes que hacen mucho bochinche en redes sociales pero que no representan nada significativo ni en la opinión nacional ni en el Centro Democrático, a juzgar por las encuestas. Si es cierto que Uribe entregó el NO y fue blandito en su defensa, ¿por qué la encuesta de Ecoanalítica registra que el Centro Democrático tiene casi el 27 % de preferencia para la elección presidencial, mientras el Partido Conservador solo el 2,7 %, menos que la UP? Hasta la revista SEMANA reconoció que “Álvaro Uribe sigue siendo uno de los líderes con mayor capacidad de movilización política”. ¿Si fueran ciertos los desafueros que salen de la extrema, los ciudadanos no castigarían a ese partido?
Es muy importante que se entienda lo que significa el uribismo. Los medios tratan de presentar a Uribe como el enemigo de la paz, mientras que él acepta el acuerdo con que se premian los crímenes terroristas. ¿Cómo es que la gente sigue apoyándolo? Porque la propaganda del régimen lo convierte en lo contrario de Santos, cuando realmente es lo mismo. Y porque sus representantes gritan contra el gobierno y contra las FARC y publican esas cosas en las redes sociales, con lo que cometen un engaño al pueblo. Están con las FARC pero hacen creer a la gente otra cosa. Y no hay ningún otro partido, no hay ningún político importante que se oponga a los acuerdos de La Habana porque ninguno quiere estar contra Uribe.

La mayoría de los colombianos sí están contra esos acuerdos. Más cuanto más los conozcan. Si apoyan a Uribe es porque los engañan. Cuando entiendan que Uribe y el Centro Democrático son simplemente socios de Santos y las FARC dejarán de apoyarlos.

Guarín es un verdadero sicario moral. Un ejemplo del talante moral del uribismo.
¿Qué querían estas ilustres damas y rancios caballeros? ¿Que el Centro Democrático se negara a la búsqueda de buena fe y con responsabilidad patriótica de un nuevo Acuerdo que recogiera las críticas hechas desde el NO y que recibieron el apoyo mayoritario en el plebiscito? Como miembro de la Comisión de Voceros del NO puedo testimoniar que todos, sin excepción, incluidos Martha Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, aprobaron buscar ese nuevo Acuerdo, inclusive, todos reconocieron que había cuestiones del Acuerdo derrotado en las urnas que podían ser aceptadas, otras mejoradas y otras simplemente imposibles de avalar. ¡Que aquí nadie venga a dárselas de puritano!
Como buenos socios del terrorismo, los uribistas mienten sin pudor. Un lector incauto podría pensar que se votaba a favor o en contra de las críticas al acuerdo y que los que querían mejorarlo ganaron. Eso es falso. Es el mismo fraude que cometió Uribe cuando fue a ver qué obtenía traicionando a los que votaron contra el nuevo narcorrégimen. A la gente le preguntaron si aceptaba el acuerdo y a pesar de la propaganda y la intimidación hubo una mayoría que votó no. Guarín dice que ganaron los que decían sí y querían mejorar el acuerdo. Alrededor de Uribe hay muchos personajes de ese estilo, cínicos y deshonestos, idénticos a los que lo acompañaron en su gobierno, como Silva Luján o su compadre Roy Barreras.
El uribismo nunca ha sido de extrema derecha, al punto de que Uribe siempre ha rechazado que se le identifique siquiera con la derecha. El talante de autoridad, la firmeza en el liderazgo, la fortaleza frente a los problemas, la obsesión por la defensa del imperio de la ley y el reclamo de una sociedad ordenada se suelen utilizar, aprovechando la ignorancia, para confundir con la derecha atributos que son los mínimos de cualquier demócrata.
Primero este uribista siembra la idea de que defender las instituciones legítimas y la soberanía del pueblo es de extrema derecha y después sale a decir que el uribismo no es de extrema derecha. Sencillamente, por los motivos que sean, Uribe defiende un acuerdo que es la implantación de la tiranía y el fin de la democracia colombiana. Ya puede ser de izquierda o de derecha o de centro, lo que hacen es ponerse en el lado del gobierno y los terroristas.
A los extremistas les fastidia el origen liberal de Uribe, les mortifica, lo ven sospechoso, casi camuflaje comunista. Están convencidos de que los puros son ellos, mientras Uribe es un aparecido que usurpa un lugar en el pueblo colombiano que les pertenece a ellos. En eso, piensan de la misma forma que Santos. ¿Habrá quien entienda cuál es la forma de pensar de Santos que comparten los que defienden la soberanía del pueblo? Cuando Uribe era el presidente que tenía éxito rescatando al país nadie decía nada de que proviniera del partido liberal.
El único sentido de este párrafo es tratar de extremista a quien no está contento con el acuerdo de La Habana.
Los extremistas están convencidos de que es mejor devolver al terrorismo 7.000 miembros de las FARC que están hoy en zonas veredales de normalización, que buscar su reincorporación a la vida civil. ¡Bastante racionales! Mientras a otros nos parece que se debe garantizar que entreguen las armas, se reintegren a la sociedad, no vuelvan a delinquir, se garantice la no repetición y que la exigencia de justicia y no impunidad se debe mantener con firmeza frente a la cúpula fariana, al igual que la prohibición de participar en política hasta que cumplan penas de reclusión proporcionales a la gravedad de los crímenes perpetrados.
Los uribistas que no son aduladores interesados son ingenuos sentimentales con muy poca comprensión de lectura. Cuando oyen que Uribe y el Centro Democrático están en el bando del gobierno y las FARC se indignan, pero ¿qué entienden al leer ese párrafo? Es lo mismo que decir que Timochenko está mejor en el Congreso que echando bala. ¿Para qué hace falta la ley? En lugar de capturar y castigar a los asesinos, se los premia y así nadie corre más riesgos.

Es algo que hay que entender, porque la gente que no está acostumbrada a leer se deja embaucar por esos argumentos. Lo que el uribista Guarín está haciendo es amenazar a quien no apoye los acuerdos. Si no se someten, los terroristas volverán a matar y será culpa de los extremistas de derecha trastornados y estalinistas.

Es la misma amenaza de los terroristas. Ustedes escogen la paz o la guerra, o son nuestros esclavos o matamos a sus hijos. Ahora Uribe y sus amanuenses contribuyen a la tarea.

Pero además de amenazar, miente. ¿Quién garantiza que los que hay en las zonas conquistadas por los terroristas sean los terroristas de las FARC? Sin duda habrá miles que estarán conquistando otros territorios, como ocurrió cuando Betancur empezó a negociar la paz. ¿Hay alguna lista de miembros de las FARC que alguien controle? Lo más probable es que la mayoría de los miembros de las FARC que sean viejos e instruidos estén haciendo política con mucho dinero en otras regiones, mientras que los jóvenes y rústicos se integran en el ELN. Eso ocurrió con el M-19. Angelino Garzón, pasó de la Unión Patriótica al nuevo partido de Navarro y alias Pablo Catatumbo se pasó a las FARC.

Uribe y sus secuaces reproducen las mentiras de la propaganda del gobierno y los terroristas. Quieren que la gente crea que el proceso de paz es el fin del terrorismo y ha logrado que los asesinos dejen de matar. ¿No fue lo que ocurrió hace 30 años? Después mataron mucho más.
Ese trastornado extremismo considera que la prioridad de Colombia es revocar el Acuerdo de La Habana, sea como sea. Comparto la indignación frente a la imposición brutal del pacto Santos/Timochenko, ese no es el problema. La cuestión es de métodos. Mientras algunos, empezando por Uribe, consideran que lo sensato es ratificar el NO en las elecciones, dando paso a corregir el acuerdo e impedir que se utilice con el fin de instalar el peligroso populismo de izquierda que encarna el proyecto farchavista, otros pretenden desconocer todo, comenzando por la Constitución y las sentencias de la Corte Constitucional.
Guarín comparte la indignación pero sigue a Uribe, que ratifica el NO en las elecciones convirtiéndolo en un SÍ. Es fascinante la desfachatez. Muy curiosa.

-Señorita, ¿se quiere usted casar con mi hijo?

-No.

-Bueno, entonces ratificamos ese NO fijando la fecha de la boda.

Pero ¿qué es lo que hay que corregir del acuerdo? El pueblo lo rechazó. Uribe lo intenta salvar. Lo que le corrija, en el mejor de los casos, es lo que convenga a la salvación de su cuota de poder. Y ni siquiera. ¿Acaso lo que aprobó el Congreso no fue el acuerdo corregido? Es que están en el bando de los sensatos. O sea, de los secuestradores y asesinos y de quienes los premian.
Los extremistas de derecha repiten el mismo discurso con el cual los extremistas de izquierda justificaron décadas de terrorismo, crímenes de lesa humanidad y una colección infinita de atrocidades. Repudian todas las instituciones y pretenden salidas por vías de hecho, es decir, al margen del ordenamiento jurídico. La verdad es que el funcionamiento actual de las ramas del poder público es repudiable, pero la acción política se hace dentro de la Constitución o al margen de ella. La paradoja es que mientras las FARC consiguieron del gobierno de Santos cambiar el orden jurídico y entrar a jugar dentro de él, sean ahora los extremistas de derecha los que pretendan levantar la bandera de la subversión.
Hay que volver a leer porque es un poco injusto decir que el uribismo está hoy en el bando del gobierno de Santos y las FARC. Hasta el gobierno de Santos y las FARC tendrían vergüenza de decir eso. Veamos la primera frase.
Los extremistas de derecha repiten el mismo discurso con el cual los extremistas de izquierda justificaron décadas de terrorismo, crímenes de lesa humanidad y una colección infinita de atrocidades.
De modo que quienes crean que el voto de la mayoría en el plebiscito debe respetarse repiten el mismo discurso con el que se justificaron décadas de crímenes de lesa humanidad. Eso es lo que hace Uribe, exactamente, porque todos los crímenes terroristas tenían por objeto llegar a la paz que él promete no revocar. Pero como otro frente del crimen organizado, el uribismo calumnia a quien no está con su paz. Ahora resulta que es lo mismo oponerse a los asesinos que promoverlos. Lo dice quien aplaude que se los premie.

Las FARC no llegan a tanta desfachatez.

Pero la segunda frase es aún más cínica. Aún más propia de la retórica terrorista.
Repudian todas las instituciones y pretenden salidas por vías de hecho, es decir, al margen del ordenamiento jurídico.
¿De modo que quien cree que el pueblo votó NO en un plebiscito y que por tanto lo que se sometía a votación pierde validez está hablando de vías de hecho y obrando al margen del ordenamiento jurídico? ¿No serán el gobierno y las FARC y los hampones que fueron a representar el NO autonombrándose como los representantes de la mayoría quienes aplican las vías de hecho?

Dicen que los colombianos son por naturaleza serviles, que tienen un gen perruno que heredaron de siglos de esclavitud. Eso se nota sobre todo en los uribistas. Por ejemplo, leen la última frase de este párrafo y no se indignan. No encuentran a quién batirle la cola.

Les indigna que se critique a su amo, pero tranquilamente se tragan esto.
La paradoja es que mientras las FARC consiguieron del gobierno de Santos cambiar el orden jurídico y entrar a jugar dentro de él, sean ahora los extremistas de derecha los que pretendan levantar la bandera de la subversión.
Es decir, el gobierno de Santos fue elegido porque prometía combatir el terrorismo, pero en lugar de eso se dedicó a premiarlo y a cambiar las leyes para favorecer a los terroristas. De modo que las nuevas leyes son las que valen y los que las cuestionan levantan la bandera de la subversión. Es la retórica de las FARC. O quizá no. Algo peor. El grado moral de unos criminales. Eso es el uribismo hoy.

Cualquier tirano impone las leyes que quiera en cuanto tiene el poder, de modo que la ley no tendría más sentido que expresar la voluntad de quien manda. Guarín es licenciado en Derecho, y si llega a una concepción semejante es porque definitivamente redescubrió sus comienzos con Piedad Córdoba. Aunque eso habría avergonzado a Piedad Córdoba.

Por ejemplo, cuando los nazis impusieron las leyes de Núremberg, con sus medidas de higiene racial, los que acosaban a los judíos estaban dentro del ordenamiento jurídico. Los que los defendían estaban en el bando de la subversión. Algo tan cínico y asqueroso es difícil de encontrar en cualquier propaganda. Nadie de las FARC diría algo así.

Y es que Guarín pretende intimidar a quien quiera defender la ley y la democracia acusándolo de ser como los legitimadores de los crímenes terroristas y de obrar de forma subversiva. Y lo que demuestra es que el uribismo hoy no es más que otro frente del crimen organizado.
Nos guste o no, la Constitución es lo que dice la Corte Constitucional que es. ¡Punto! Lección de primer año de derecho. A quienes estamos inconformes con el asalto a las instituciones con la excusa de la paz, nos queda ganar la elecciones, elegir un nuevo presidente, conquistar las mayorías del Congreso y propugnar porque la Corte Constitucional cumpla con el control riguroso que tiene que llevar a cabo en tanto es la guardiana de la Constitución, no del Acuerdo de La Habana. Nuestros instrumentos están en la Constitución, en el derecho a la protesta, en la libertad de expresión, en la carta de derechos de 1991, en las calles.
En este párrafo se esconde una mentira espantosa: Guarín cuenta con que el lector no sabe que el acuerdo final reemplaza a la constitución. Pero, ¿nadie sabe que la Constitución de 1991 fue implantada por el movimiento estudiantil comunista, las mafias de la cocaína aliadas del régimen cubano y las bandas terroristas creadas por el mismo régimen? Uribe tuvo las mayorías y no quiso cambiar la Constitución por una legítima y verdaderamente democrática. La Corte Constitucional surgida del engendro del 91 estaba dominada por personas ligadas al narcoterrorismo, como Carlos Gaviria o Alfredo Beltrán. Su interpretación del texto constitucional siempre sirve a los intereses del régimen cubano, y ciertamente transgrediendo el propio texto. Como cuando reemplazaban al Congreso legislando.

De modo que la Constitución es lo que dice la Corte Constitucional que es. No importa lo que diga el texto. Ésta es la lección de primer año de derecho en Colombia. ¿Para qué hace falta un texto? Basta que la Corte Constitucional diga lo que se debe hacer. Pero tampoco hace falta ninguna ley, porque siempre hay que someterse a las que el poder imponga. Nadie en la verdadera extrema derecha habría sostenido algo tan bárbaro. Sólo en el país de los cínicos serviles pueden publicarse cosas así.

La Corte Constitucional colombiana es desde su creación una banda criminal que desde luego no sigue la letra de la carta sino que la interpreta para que sirva a la industria de la cocaína y a las bandas terroristas.
Atacar a Uribe porque antepone la razón a la pasión, el bien común al odio que mueve a los sectarios, es simple insensatez. Que lo hagan desocupados y libelistas de oficio, vaya y venga, pero que puedan participar en tamaño despropósito individuos que han ocupado altas responsabilidades públicas, resulta peligroso.
Feriar la voluntad popular y aliarse con los terroristas se convierte en la jerga de este cínico en anteponer la razón a la pasión y el bien común al odio. En ningún otro país las discusiones tendrían ese nivel. Como quien dijera “Yo soy el bueno y el razonable y quien me contradiga es un malvado y un idiota”. Es el nivel de un patio de prisión, y el único sentido de esa lógica es la intimidación. Es lo que hace Guarín: transmitir la intimidación del narcoterrorismo en que se basa el acuerdo de paz. O se premia a los que mandan niños bomba o siguen matando. La pura renuncia a la ley, o sea, a la subversión, porque ahora la ley es lo que deciden los asesinos.
Los extremistas son iguales. Nada más parecido a un fariano que un extremista de derecha, aunque, hay que reconocerlo, hay algunos que hacen ver hasta moderado y flojo al camarada Santrich. ¡Increíble! Uribe graduado de mamerto por la extrema, mientras la izquierda lo califica de extrema derecha.
Este prócer no se ahorra ninguna fantasía: el que no quiere premiar a los asesinos es peor que Santrich. ¿Lo dice o no lo dice? El que cree que los criminales no deben lavar las fortunas obtenidas secuestrando niños es peor que el que secuestra niños. ¿Lo dice o no? Esa idea de que cualquier insumisión frente al dominio de los terroristas es peor que el terrorismo es la típica retórica de las FARC, aunque aplicada de ese modo les daría vergüenza a los propios terroristas.
Frente a los extremistas procede el aislamiento. Un extremista no entiende argumentos, la racionalidad no tiene espacio, sólo el exceso y el dogma que creen le ha sido revelado. A esos individuos hay que dejarlos al margen, que ladren y se muerdan entre sí, pero lejos. Los colombianos repudiamos a los extremos. Nadie quiere votar por un Timochenko o un Márquez de izquierda, tampoco por uno de extrema derecha.
El que no es aliado de las FARC y no quiere que se las premie y pide que se respete la voluntad popular no entiende de razones. La racionalidad es lo que dice Guarín. La opinión contraria es el dogma revelado. Es un nivel de argumentación que produce un cierto alivio: afortunadamente quienes van a mandar son las FARC y no estos malhechores, más toscos y siniestros. Más descarados y ominosos.

Pero es mucho mejor el sentido pleno del párrafo: a un lado están los sensatos que no quieren revocar el acuerdo final, al otro los extremistas de derecha que quieren desconocerlo. ¿Dónde está el uribismo? En el bando de la mayoría, naturalmente, con Santos y Samper y el Partido Liberal del que procede Uribe. Ah, casualmente es el bando de las FARC, que obviamente están por el acuerdo.

A los extremistas que no quieren la paz propone aislarlos, pero después los encarcelarán y los matarán. Ellos aplaudirán.

Los que viven despotricando de Santos y las FARC pero halagan a Uribe no son mejores que Guarín. ¿No habrá leído Uribe esta perla de su amanuense? ¿Cómo es que no dice nada sobre ella? Lo más seguro es que la encargó, y en todo caso que representa su opinión y la de su partido. ¿O alguno de los congresistas del Centro Democrático o de los columnistas que le hacen propaganda han dicho algo de semejante obra? Como mucho hacen creer otra cosa para que la gente ingenua siga creyendo en un grupo que sólo es otro frente del crimen organizado. Que descalifica como el más sectario terrorista y amenaza con los mismos argumentos del atraco de la llamada paz.

Los colombianos que no están de parte de los terroristas llevan 17 años unidos alrededor de Uribe. Esa unidad ha servido para que Colombia sea la nueva colonia cubana y vaya camino de la hambruna, como Venezuela. Ya es hora de que todo el que sigue a Uribe entienda que está en el bando del régimen.

1 comentario:

Bardo cinemático dijo...

Pues yo si le creo a Uribe, y no se debe ver el mundo solo en blanco y negro, en todo proceso político hay matices. Entonces yo creo que Uribe tiene la razón y que se deben corregir los acuerdos, sin embargo no es necesario hacerlos trizas, más bien se les puede quitar financiación del estado.