10 ago. 2017

Venezuela, víctima del comunismo y de sus cómplices

Por Jaime Castro Ramírez

La peor amenaza de la democracia tiene su origen en la acción populista de izquierda cuyo objetivo es engañar al pueblo para acceder al poder, y luego conducirlo a la miseria para mantenerlo doblegado y sometido al régimen a través de la pauperización social, pues es una de las fórmulas políticas que utilizan los líderes comunistas para aferrarse al poder.

Para lograr este cometido, implica incursionar políticamente en las clases menos favorecidas y menos educadas para exponer su estrategia engañosa, es decir que le apuestan a la supuesta ignorancia de la gente, pues creen que allí en esos bajos estratos poblacionales encuentran el escenario apropiado para hacer creer en su discurso trasnochado y con las mismas ‘viejas consignas’ políticas que los comunistas históricamente siempre han utilizado como referentes, pero además dándoles un preconcebido sentido diabólico, tales como hablar de: el imperialismo, la oligarquía, la explotación del trabajador, la propiedad es del pueblo, el poder es del pueblo, etc. En fin, el propósito es distorsionar la realidad de la democracia y del verdadero progreso que aporta la inversión de capital, y pintar fantasías a través de imposturas totalmente engañosas.

Fácil se combinan la ambición política del comunismo con la ambición económica del socialismo, es decir que las dos son complementarias para consolidar la ambición de poder en un Estado totalitario y dominado políticamente por un partido único. Solo que se trata de un poder sin ideas de gobierno, un poder represivo, sin respeto a las libertades, sin ideas de progreso, pues al desaparecer la democracia que es la primera ejecutoria comunista, desaparece toda opción de gobierno capaz de lograr cohesionar un desarrollo económico articulado y sostenible, y a cambio lo que aparecen son las expropiaciones que atentan contra la propiedad privada para convertirla en propiedad estatal ‘improductiva’ (incluida la expropiación empresarial), y de ahí se desprende obviamente la escalada de miseria, porque infortunadamente no puede ser otro el resultado si los comunistas acaban con lo que encuentran funcionando bien y que genera riqueza.

La desgracia política y económica de Venezuela
Al pueblo venezolano la historia política lo ha llevado a una instancia de verdadera catástrofe económica y social. Nada más contradictorio que pensar en la inmensa riqueza natural de Venezuela, su riqueza petrolífera comprobada, quizás posee los yacimientos más grandes del mundo; pero gracias al actual régimen político comunista que gobierna al país, pues resulta que hoy Venezuela experimenta otra instancia de su historia, una instancia trágica: la miseria absoluta, la población sometida a la perversidad de padecer física hambre, sin asistencia de salud por falta de medicamentos, lo que indica una verdadera crisis humanitaria; pero por si fuera poco, el régimen le agrega la represión armada brutal violando flagrantemente los derechos humanos del pueblo que protesta legítimamente reclamando su derecho a vivir en democracia, y la respuesta del dictador ha sido cometer un genocidio que hasta ahora cuenta, según la estadística, con 126 personas asesinadas.

En esta tragedia venezolana hay varios responsables que aún no aceptan su error. El primer paso en esa dirección lo dio el mismo pueblo venezolano cuando, ‘sin preverlo’, decidió en las urnas ese camino tortuoso eligiendo a Chávez quien se convirtió en el primer responsable como precursor de esta desgracia histórica, y en segundo lugar está la comunidad internacional que ha dejado solo al pueblo venezolano experimentando esta terrible cruzada.

La comunidad internacional ha venido asumiendo una postura de simple papel de indiferencia ante los nefastos acontecimientos que han afectado gravemente al pueblo venezolano. No solo es la maldad de quien comete una mala acción, sino de quien a través de la indiferencia solo observa pero no hace nada. Las acciones extemporáneas no son la mejor respuesta al sufrimiento humano. Hasta ahora, después de 18 años de ignominia y sometimiento de un pueblo indefenso, aparecen indecisos y tibios pronunciamientos.

Lo cierto es que ha faltado sensatez y criterio internacional para condenar desde hace años el atropello del régimen venezolano en contra de su pueblo. Valga decir entonces que ha existido actitud de cómplices. Aquí no se puede excluir ni al Papa Francisco que no ha tenido una postura adecuada, pues lo máximo que ha hecho es hacerle un favor al dictador hablando de ‘diálogo’, pues Maduro utiliza este mecanismo únicamente como un pasatiempo de oxigenación política porque el diálogo para él consiste en imponer todo lo que quiera en su rumbo dictatorial. O sea que en conclusión no hay diálogo posible. Después de 18 años de una dictadura que empezó en 1999, solo hasta el 8 de agosto de 2017 hubo un pronunciamiento de 17 cancilleres de 17 países del continente americano, en reunión celebrada en Lima Perú, donde expidieron una declaración para decir que “en Venezuela se rompió la democracia”, y que condenan la ruptura del orden democrático. Parece que se enteraron tarde de que en Venezuela existe una dictadura. La misión de la OEA ha quedado en simples propósitos de condena a ese régimen por parte de la secretaría general, pues ni siquiera ha logrado consenso para activar la Carta Democrática Interamericana como medio de enfrentar los desmanes de la dictadura.

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